Ir al contenido principal

Inventario

Que Mario Benedetti es un clasico de la literatura hispanoamericana moderna no lo vamos a descubrir ahora. Pero si alguien en algun recobeco de este deshumanizado presente quiere tan solo por un momento descubrir que la poesía es también el lenguaje de los simples mortales, debe procurar leer Inventario.
Separado en dos volumenes por la gran cantidad de poemas que pueden ser escritos en 41 años, esta especie de gran antología poetíca lo abarca todo.
El amor transita por sus páginas con la simpleza más honesta que yo haya leído alguna vez. Los versos concientes del innegable deber de denunciar el injusto proceder que de alguna forma jodió, jode y seguirá jodiendo a los que creemos en la igualdad entre los hombres, en estos libros aparecen exijiendo el bien ganado derecho a luchar por lo que soñamos.
No es destino para Benedetti el quedarse en los poemitas que oportunamente se venden impresos en tarjetitas o pergaminos en las ferias artesanales. Dicen que se mata la conciencia volviéndola un producto del marquetín (qué bien lo sabrá el "Che" donde quiera que esté). Pero poemas como hombre preso que mira a su hijo se resisten a ser asesinados y se cuelan entre los cuadernos de los chicos en la facultad, aparecen repentinamente en la web, así, sin grandes aspavientos, sin esa corte de mantenidos que viven de rendirle pleitecia a los poetas muertos. La poesía de Benedetti camina por las avenidas de Montevideo, Buenos Aires o Valparaíso casi sin meter ruido. Si usted es de los que leen para re encontrarse, los poemas de Benedetti lo andaban buscando, y que mejor oportunidad que ésta para tenerlos al alcance de su mano.
No pierda el tiempo, que incluso ya andan por ahí estos entrañables libros en edición económica. Al alcance de todos, como siempre debió ser la literatura y hace rato no ha podido serlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...