P ara mí el comunismo era principalmente compartir. Ponernos de acuerdo para que a nadie le faltase lo más mínimo para vivir de manera decente. Ser tratados y sentirse humanos; por eso fue que apenas empecé a ganar un poco más de dinero, complementé mis caminatas buscando con quienes compartir aquello que llamaba condición humana. No sólo me sentaba a conversar con algunas de las mujeres y hombres que podía encontrar en la calle, me permití además invitarles a desayunar o a almorzar. Invitarles a elegir el lugar donde quisiesen comer. Ponía a disposición, por un rato, de sus deseos y preferencias el dinero que había reservado para gastar en mis propios deseos y preferencias. De aquellos breves momentos recuerdo uno que fue el comienzo de una anécdota que se ha transformado en una constante de tiempo en tiempo. Encontré a un adolescente durmiendo en una plaza que estaba junto a una bomba de bencina de la calle Santa Rosa, en el sector donde al momento en que e...