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El buen patrón (2021)

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La vida es una loca de remate (III)

E studié cinco años para tener algo en que ganarme la vida. Obtuve, no sin pocos esfuerzos, penas y frustraciones tener el título de Mecánico en Electricidad Automotriz. Hice la práctica durante seis meses en un taller más bien pequeño de una concurrida avenida en el barrio alto de la capital. Conocí a personas nobles y esforzadas a las que les llamaba mucho la atención que yo fuese tan lento para trabajar y tan rápido para pensar. Increíble experiencia fue aquella; ya pensaba yo que no tenemos en la vida más que cumplir con los designios de nuestro destino cuando Don Carlos, el dueño del taller, me invita a tomarme vacaciones pues el taller no daba como para pagarle a dos mecánicos (Alexis, el mecánico que estaba antes en el taller, se quedaría porque no sería muy bueno conversando, pero ni duda cabía que era un experto en el trabajo que se debía hacer).   Partí entonces, a los seis meses de haberme titulado, a engrosar las filas de los desocupados que nunca faltan en este y cu...

Chico Trujillo

U n día; uno cualquiera, no era de fiesta nacional, fin de año ni cumpleaños de nadie. Sentí que la existencia no tenía sentido. No la de los otros, la existencia mía que, de tanto en tanto, se me figura que no tiene otro fin que terminar sola. He querido tanto y soy tan torpe cuando estoy contento. Me emborracho y me dan ganas de dormir para soñar que también puedo bailar y reírme como lo hacen otros y otras que me quieren pero no saben cómo tratarme. Deliberadamente escuchó aquello que los expertos denominan nueva cumbia. Me encantan los bronces, la percusión, las voces que acompañan a la voz principal ( Aldo Asenjo de Chile) que canta. La voz de "El macha" no es una voz cualquiera; canta pachanga (nacida en Cuba), boleros (otra vez Cuba) y cumbias (costa caribeña de Colombia) con esa naturalidad que derrumba fronteras. La música es apátrida y tiene la capacidad de alegrar, cualquier día, incluso a alguien que no tiene demasiado claro para dónde es que tiene que ir. Luis Ta...

La escritura (III)

    Y o tenía quince años; venía hace un buen rato escribiendo. Me daba vergüenza ser poeta... tenía un cuaderno y estaba enamorado, pero vaya a saber quién por qué no escribía poemas de amor. Solo me brotaban poemas tristes. Bueno para ser del todo sincero, era un amor no correspondido y me ganaba aún la triste soledad en que me fui volviendo hombre.     El nombre Tristología fue un invento mío para tratar de estudiar mi propia tristeza y me atreví incluso a explorar los motivos de tristeza en otras personas. Me acuerdo que andaba con mis escritos escondidos pues siempre los he encontrado bastante malos, pero estos como otros textos que escribiría después eran instantáneas de mis tiempos y los conservo no con el afán de comercializarlos como arte, sino que más bien para constatar que en todo tiempo y lugar existirán personas que comparten sentimientos.     Recuerdo que diseñé una tapa para este libro de color plomo en donde se podía lee...

La vida es una loca de remate (II)

F ederico Engels era hijo de un muy importante empresario; Carlos Marx, por su filosofía de vida, pasaba y hacía pasar a su familia una que otra pellejería pero pobre no era; ambos pretendían dejar su nombre impreso en los anales de la Historia de Las Ideas como visionarios en el campo de la economía en particular y de la filosofía en general. Redactaron miles de hojas con ideas que serían interpretadas y puestas en práctica de maneras idiotas por otros, que sin ser pobres tampoco, las ampliaron, modificaron y manipularon a su entero gusto. Al igual que en la Revolución Francesa quienes tenían o se daban el tiempo para leer o pensar en estas emancipadoras ideas no eran obreros preocupados por sobrevivir, eran hombres con ambiciones pues ambicioso por obligación debe ser quien alcance aquí, allá o cualquier lugar el poder.     El costo de aquella ambición sí que la pagan los pobres o las clases menos acomodadas para contextualizar el asunto a una Historia de Las Ideas do...

Fábula

  A licia dice que, en la vida, hay solo moscas y abejas. A ella le gustan mucho los adagios que tantos años atrás vienen repitiendo nuestros mayores. Ella misma no es ninguna chiquilla; es una mujer con profundas experiencias en aquello del éxito. Lee mucho y es una reconocida experta en la enseñanza de las matemáticas. Dijo: Sí tú pones una mosca en cualquier lugar... la mosca va a buscar la mierda (en realidad Alicia no quiso usar esa palabra, dejó espacio a que quienes la escuchábamos completáramos la frase por lo que también puede ser que las moscas, las dejen donde las dejen, busquen la basura) en cambio, si ponemos en cualquier lugar a una abeja; la abeja buscara siempre las flores (o un jardín; que vendría a ser lo más cercano a lo que Alicia concibe  como un lugar agradable en donde estar. La cosa con esta fábula es que yo pienso que todo y todos tenemos un propósito en la vida. Alicia es creyente...yo no; por lo que me pregunto: ¿con qué propósito cree Alicia que fue...

La vida es una loca de remate

J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero, que antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una cortina que dab...