E s en extremo singular que el hombre más poderoso del mundo, entre los años 161 y 180 d. C, haya llevado consigo doce libretas de apuntes que nos lo develan como un filosofo estoico que no buscaba sino mantener claridad en materias que únicamente a él, como emperador de Roma, le era ineludible recordar. Durante el siglo X (plena Edad Media) un obispo (Aretas de Cesarea) queda prendado de estos manuscritos en griego y se propone hacer copias para gloria de otros que pudiesen llegar a leer estas cosas que el último de los llamados Cinco Buenos Emperadores había escrito para sí mismo. Los aforismos redactados en los doce diarios a veces son muy fáciles de leer; otras veces requieren de varias relecturas para recién empezar a entenderlos; eso si es que alguna vez podemos, en verdad, entender ideas que originalmente estaban redactadas incluso usando diminutivos y términos que debían de ser leídos únicamente por su autor. Pero vaya a saber por qué el compendio de los doce diarios, pres...