L a fecha me deprimía, es extraño, pero me deprimía. Escribo que es extraño porque no viví aquel tiempo sino a través de los recuerdos de quienes aún lo evocaban con persistente nostalgia; y aunque para muchos éste era un argumento más que valido para no deprimirme; igual me deprimía. A veces iba por las mañanas a las marchas camino del cementerio donde reposaban algunos de los restos de los compañeros. Sabíamos muy bien que no eran los únicos, sabíamos que había demasiados de los que no se conocían el lugar en donde sus maltratados cuerpos, finalmente, pudieron descansar. Íbamos a dejar flores a algunos y pensar todos juntos en los que no estaban. Aquellos eran otros tiempos, los que alborotaban el homenaje eran pocos y quienes provocaban el desorden siempre eran los que vestían uniformes. Otras ocasiones me quedaba en casa (que por aquellos años era la casa materna) ponía un casete en la radio y pensaba en los que no estaban y en los que sí estaban para tratar...