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El Club (2015)

Pablo Larraín, en su incursión como director de películas chilenas, siempre fue un director interesante. Cuatro películas había dirigido antes de filmar la que, para el que escribe, sigue siendo su mejor película (sinceramente espero que hasta ahora). En el presente filma películas en inglés, con generosos presupuestos y actrices de primera línea. Es reconocido internacionalmente y tengo que insistir en que El Club es su punto más alto.

En un sector  costero de Chile viven, en una casa de dos pisos, cuatro hombres mayores y una mujer que entrenan galgos con el fin de hacerlos participar en las carreras que se organizan en el pueblo. Por la llegada de un quinto inquilino empezamos a entender que son religiosos apartados de su iglesia por haber cometidos delitos horribles. El lugar no es bonito, parece estar siempre nublado y la rutinaria vida que bien poco tiene en verdad de penitencia se ve remecida por un altercado producido tras la llegada del quinto inquilino. 

Una victima de los crímenes sexuales del último sacerdote apartado (o quizás ocultado) por la iglesia viene a encarar a su agresor. El oscuro pasado de tres de los antiguos habitantes vuelve a la superficie de sus prepotentes conciencias. La monjita que los cuidaba se devela nada dulce en verdad. Es otra que busca disimular, cuando no enterrar, su atávica maldad. Llega un joven sacerdote a investigar los sucesos desatados por esta victima que vino a quedarse. El pueblo ya no es lo mismo, la tranquilidad que creían tener desaparece dando paso a las culpas que no se quieren asumir.

Actores en estado de gracia, diálogos que coquetean con el humor negro en una película que no se resigna a ser drama y es más, mucho más de lo que parece (como casi todas las películas de Pablo Larraín. Un poquito más de una hora y media y una historia muy difícil de olvidar. El mal representado una vez más de manera tangencial. Una critica que va más allá de los delitos que el poder económico o religioso acostumbra a esconder cuando se le hace imposible disimular. 






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