Ir al contenido principal

La Lectura (I y II)

Hay un sueño que me acompañó durante gran parte de mi infancia; lo soñaba dormido y también lo soñaba despierto. Soñaba que en el entretecho de la casa en que viví de niño habían muchos libros apilados. Torres con cientos de libros que alguien de seguro había olvidado. Aquellos libros aguardaban esperando ser leídos. En un principio me embriagaba la alegría durante el sueño pero al despertar, solo sentía amargura y desilusión. Con el paso de los años me habitué a disfrutar aquel tesoro descubierto; sencillamente me sentaba a leer. Hojeaba tomo tras tomo, me devoraba las hojas hasta quedar satisfecho, bebía el suave sabor de la poesía y entonces despertaba tranquilo, casi resignado. Sabía que no encontraría aquellos libros ni en el entretecho ni en ninguna parte de la casa y no alcanzaba ni para ilusionarse, porque en mi casa de infancia nadie leía.

En aquella casa no habían libros, los libros habitaban en mis sueños.


**

Leer es algo que me apasiona; vengo leyendo desde hace muchos años. Apenas aprendí a leer en la escuela, se volvió un hábito constante el llevar libros conmigo a todas partes. La lectura me regaló vidas, la lectura me mantiene despierto; abre para mí ventanas nuevas y renueva los viejos sueños.

    Leo a veces para ser redescubierto por las palabras y sus significados; me cuelgo al cuello las oraciones y llevo las estrofas en los bolsillos de contrabando; desayuno la prosa y bebo la miel y el café amargo de ciertos versos.

   La lectura ha sido siempre para mí una necesidad de primer orden y fue una compañera inclaudicable en mis años de soledad. La lectura clandestina hizo de mí un bandido cómplice de la subversión de incontables autores y ni el rigor de los intencionados olvidos, ni la insípida musiquilla de los tiempos nuevos con sus nuevas instancias de comunicación me priva de la emoción de descubrir de tanto en tanto un compañero o una compañera nueva.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...

Frases XXVIII (Umberto Eco)

 " Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles". "El saber no es como la moneda, que se mantiene físicamente intacta incluso a través de los intercambios más infames; se parece más bien a un traje de gran hermosura, que el uso y la ostentación van desgastando". "No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias". "Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en saberlas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas". "El diablo no es el príncipe de la materia, el diab...