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¿Una r(e)vuelta muy grande para llegar donde mismo?

Hace cinco años todo parecía más claro; caótico, pero claro. Claro para quienes vivimos desde siempre la historia del país desde abajo, caótico para quienes vivieron siempre en el centro y en la cima de esta lechuga hidropónica que resultó ser el país. Octubre de 2019 no debió sorprender a aquellos que vieron las señales que hace mucho rato las organizaciones de base venían dando. En los años previos fue madurando sus conceptos políticos, sociales y económicos un grupo de personas pensantes que terminaron por entender que permaneciendo en la calle jamás serían escuchados. Imagino que fue por entonces que comenzó su travesía hacía el poder; un poder que desde la calle combatían pero una vez que formaron parte de él terminó por contaminarlos. Dicen que el infierno está lleno de buenas intenciones y al parecer esas personas pensantes que combatieron el poder que terminó por cambiarlos lo tienen hoy más claro que nunca.

Los medios de comunicación (perteneciéndole todavía a los mismos que desde siempre pertenecieron) parecen empeñados en reducirlo todo a una oleada delictual. Como si hace cinco años no se hubiese puesto en entredicho temas trascendentales como la educación, la salud y las jubilaciones que son problemas que parecemos condenados a asumir que, gobierne quién gobierne, no conocerán de solución. Están por otra parte las asambleas constituyentes; asambleas a las que los poderosos les tenían tanto miedo y que terminaron por ser un fenómeno hermoso pero tan ajeno a nuestra idiosincrasia. Las propuestas de nuevas constituciones acabaron por ser tan extremistas como desconfiada terminó por ser la opinión pública y paradójicamente, el que pudo ser uno de los más grandes hitos en la historia del país (otorgarnos a nosotros mismos una Constitución del Estado) acabó sumiéndonos en aquella mansedumbre que tan claramente define a la nación.

Más conservadores que nunca, así terminamos todos después de cinco años. La misma basura en la televisión (y eso que no pocos "rostros" parecían haber entendido que promovían un país de fantasía y oportunamente se sumaron a lo que por entonces era la mayoría), la misma decidía en los servicios públicos y la misma corrupción en quienes ostentan el poder aunque sea por un rato. La misma ambigüedad en los discursos y sobre todo en los actos del ciudadano y la ciudadana del rango medio que entiende que no pertenece a los grupos privilegiados (atención aquí que no solo los más ricos terminan siendo privilegiados por quienes hacen uso del poder en el modelo conservador del que les cuento) pero que no quieren quedarse fuera del insustancial debate donde la mayoría dice más o menos lo mismo. La misma inexplicable tendencia a que las marchas terminen siendo degradadas a la violencia de no pocos vándalos que no hacen otra cosa que buscar favorecer sus puntos de vista.

A cinco años y estando, al parecer, donde mismo comenzamos es más que nunca necesario que revisemos nuestros propios actos, los discursos que emitimos o apoyamos como seres pensantes. Es necesario, una vez más, abogar por la justicia tan esquiva como esquiva suele ser la memoria de aquellos y aquellas que buscan solo su propia conveniencia cuando recuerdan. Libros, documentales y especiales de prensa buscaran llevar el agua a diversos molinos. Esos molinos parecen ser los mismos que en octubre de 2019 fueron quemados. En esta tierra milagrosa el progreso sabe como renacer desde las cenizas y las historias del pasado las siguen contando los dueños del presente. La memoria es más necesaria que nunca, pero también es más necesaria que nunca la coherencia de las personas en este, nuestro raro pero entrañable país en donde hasta la gente más consecuente sigue siendo incoherente.  

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