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Llueve sobre mojado

La presidenta intenta explicar cómo el poder ejecutivo hará frente a la corrupción, los problemas de la educación, la salud, la falta de trabajo, y en un lapsus de quién sabe qué dice "SOMOS OPORTUNISTAS, cuando lo que quería decir era somos optimistas. Mi hija que no le interesa para nada la política, se ríe de aquel inesperado arranque de honestidad en relación con la cualidad fundamental para dedicarse a la política en nuestro pueblo chico. 

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En uno de los barrios más antiguos de nuestro pueblo chico, han comenzado extraños incendios que devoran las casas patrimoniales. Estos incendios surgen durante la noche; las causas nunca son demasiado claras...una colilla de cigarro mal apagada, un fósforo furtivo...la cosa es que como buitres vuelan alrededor de las ruinas calcinadas las compañías inmobiliarias y si el alcalde no está atento y ante de que alguien pueda reaccionar...aparecen grandes supermercados o edificios donde se amontona en departamentos de uno y dos baños a la gente bien porque a los pobres y a los inmigrantes se les sigue amontonando en los terrenos sobre los cuales nadie sobrevuela.

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Las personas vienen a comprar artesanías típicas de este pueblo chico. Hay muchos lugares donde comprar. Pero es un secreto a voces que la identidad de este pueblo proviene de otros pueblos todavía más chicos. Por una porquería de dinero manufacturan millones de artesanías personas que no llegaran nunca hasta las ferias artesanales donde guardando las proporciones, solo falta que en alguna parte del bello recuerdo típico de la zona, aparezca con letras minúsculas Made in China.

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Hay que ver con los noticieros; a partir de ahora hay que tenerle miedo a todo...miedo al vecino que envidia nuestros bienes, miedo al profesor que se niega a enseñar a competir, miedo al doctor que no atiende en la clínica privada, miedo a los menores de edad que no son imputables, miedo a las sinvergüenzuras de quienes nosotros mismos elegimos... y como si faltaran motivos; ahora también tenemos que tener miedo por que viene un frente de mal tiempo y parece que va ha llover mucho. 

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Todos los años, de preferencia en invierno, llueve mucho. Los ríos colapsan, las obras no terminadas provocan desastres, las calles se inundan, a algunas personas el barro les llega al cuello y aún menos personas acuden a quitarle el barro del cuello a quienes sufren, los supermercados se llenan de gente comprando cosas porque hay que encerrarse. Crece la delincuencia, ya no se puede confiar en nadie, los niños y los ancianos ya no encuentran la forma de respirar por culpa de la humedad, y en los canales de la televisión el recuento de los desastres alcanza las más altas sintonías del mes en curso. Por lo visto no nos está permitido  olvidar que todavía puede llover sobre mojado.    


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