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Woodstock (1970)

Termino de una época de inocencia para la juventud norteamericana y europea. La paz y el amor como consigna de un momento irrepetible de la historia (aunque han intentado repetirlo tantas veces; pero eso es más bien, estrategia comercial) miles de personas hundidas en el barro resultado e tres días de lluvia, caos y música y sin embargo como se arrepienten de no haber estado allí aquellos que pudieron estar y no estuvieron. Presentaciones delirantes en todo lo que la palabra significa, un sentimiento de comunidad muy pocas veces visto a lo largo de la historia de la humanidad, eso además de la música; mucha música.

Existen varias versiones de este momento histórico; lo documentado por Michael Wadleigh y su equipo (entre los que se encontraba Martin Scorsese y Thelma Shoonmaker) se presta para estos y muchísimos más montajes; sin embargo nada podrá transmitir nunca lo que debe haber sido estar allí. Podemos no obstante fascinarnos con las reacciones de la gente involucrada, presenciar los grandes atochamientos de vehiculos para llegar a aquella granja que estaba cercana al lugar donde realmente se iba a realizar el festival; y por sobretodo, para aquellos que aman aquella expresión tan sublimemente humana que es la música, mucha pero mucha música.

Richie Havens, Joan Baez, Joe Cocker, Santana y Jimi Hendrix entre mis favoritos pero hay más, mucho más. Esta película o documental (según el ánimo con que la quiera ver el espectador) es material invaluable en lo que respecta al comportamiento y la condición humana. Es la prueba fidedigna que ha ratos vivimos en limite mismo de la gloria y la peor de las condiciones humanas. Notable es ver, sin lugar a duda, como se realizan enormes operativos militares para dar de comer y mantener lo más sanos posibles a más de medio millón de seres humanos, las trastocadas reflexiones de una juventud que alcanzaba limites inusitados gracias a la inspiración o al exceso de drogas. 

Un documento ajeno a lo que normalmente significa la promoción del modo de vida norteamericano; un pedazo muy importante de la historia humana registrado sin imaginar siquiera lo que significaría como colofón de los cambios sociales que gestó el mundo durante toda la década de los sesenta y el inicio de un mundo donde quizás, el único territorio donde se podría seguir soñando y compartiendo sin mayores pretensiones sería el arte en general y la música muy en particular.  



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