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De la Ira

Leer a Séneca (el joven) en estos días es un bálsamo de paz, moralidad y fortaleza de carácter y principios. No es casual que este sabio pensador romano fuera poco menos que idolatrado durante el renacimiento, que sus obras de teatro, ensayos y diálogos sean descubiertos y valoradas por pensadores que han nacido hace pocos años. Su discurso es simple, directo y carente de toda pretensión y su libro De la ira es muestra y ejemplo de aquello que manifiesto.

Cuando cada vez más personas exigen ser escuchadas, cuando a la violencia como nunca se le combate con violencia, un libro como este da bastante para pensar. No es un superventas que la gente compre para después dejarlo en un estante sin leer; incluso quien lo quiera leer lo puede descargar desde Internet, es un clásico romano, un libro que debiese confortarnos en aquellos momentos en que algunos o algunas más heridos que nosotros nos exijan ser más confrontacionales.

De la ira es uno de los diálogos más celebre de este pensador; a penas se comienza a leer se anhela un lápiz para destacar algunos de sus pasajes, se piensa en que será necesario leerlo muchas otras veces, no por lo difícil de entender, sino por todo lo contrario, por la arrebatadora claridad de sus comentarios, por la innegable actualidad del pensamiento de un autor con una vida no exenta de sobresaltos que lo llevaron incluso a la muerte de una manera absurda.

Los seres humanos llevamos siglos angustiados por los mismos males. Buscamos acuerdos, refugios contra nuestra propia naturaleza y a pesar de que muchas veces los hallamos, la casi incontenible ola de nuestros miedos y nuestros prejuicios nos hacen no pocas veces menospreciar nuestra capacidad de amar, la paz que puede ser hallada desde miles de años en nosotros mismos. Bastante de eso se puede encontrar en este libro, que espero, se vuelva a penas el comienzo de una constructiva amistad entre ustedes y autores como Séneca que trataron de vivir de acuerdo a lo que decían que pensaban.     


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