Ir al contenido principal

The Juniper Tree (1990)


  Es un verdadero gusto ver una película donde los diálogos son pocos y tan poéticos. Donde el sonido del viento y de las olas nos acompañen ante la incertidumbre de aquello que vendrá. Ver una película dirigida por una mujer donde los roles principales recaen en dos mujeres. Filmada en Islandia, pero hablada en inglés (para mejor distribución), obra sin presupuesto que tuvo que aguardar al menos cuatro años para recién ser medianamente conocida. 

Obra de arte en blanco y negro que de tan obra de arte ha tenido que ser remasterizada para que la conozcan nuevas generaciones y sin embargo redunda principalmente en aquello de que es el debut cinematográfico de aquel ser indescifrable, etéreo y tierno que es Björn. No canta; es una bruja buena, pero no esas brujas buenas de cuentos de niños; aunque el relato en que se basa la película es un cuento de los hermanos Grimm. Hay una bruja mala, que no es mala...hace lo posible por conseguir aquella tranquilidad tan esquiva para las mujeres; especialmente en aquel periodo de la Historia en que las mujeres eran consideradas brujas y quemadas por eso.

Ambas hermanas buscan refugio tras la muerte de su madre, encuentran un granjero viudo con un hijo. La hermana menor (Björn) puede ver gente muerta. El niño no quiere que la hermana mayor (Bryndis Petra Bragadóttirtermine por erradicar del corazón de su padre el recuerdo de su madre. Un relato entrañable, filmado con toda delicadeza por la profesora, escritora y cineasta norteamericana Nietzchka Keene de corta pero muy significativa filmografía. Sería fantástico que quienes buscan inspiración en la revivificación de lo femenino pudiesen darle al menos una miradita a este trabajo que no precisa de violencia ni estridencia alguna para enrostrarnos lo frágiles que podemos llegar a ser como humanidad. Lo frágiles y hermosos que lejos de avergonzarnos, debiese devolvernos a una profunda, muy profunda simpleza, como la que es posible apreciar en los paisajes naturales y humanos que, por inolvidables 78 minutos, la pantalla nos ofrece.






Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...