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Perros de la calle (1992)

 Los talentos creativos de Quentin Tarantino nunca dejarán de ser un tema de discusión. Sus películas suelen ser excesivas chocantes pero innegablemente magnéticas. La película que hoy nos convoca es su primera película,; un debut muy claro en lo que respecta a lo que son hasta ahora sus primeras nueve películas. Toma la idea central de un film coreano, lo enriquece con algunos guiños al cine de los setenta que tanto le gusta, elije una banda sonora que cautiva por si sola y desborda usada en ciertas escenas puntuales que ya será muy difícil olvidar una vez vistas. Cuenta con actores que le dan un peso interpretativo a la altura de los mordaces diálogos en los que Tarantino ya era un experto gracias a sus anteriores acreditaciones como guionista. Memorables en su mayoría, demasiados para aquellos que se cansan de escuchar o leer lo que dicen los personajes cuando lo que quieren ver es una peli de acción.


Para quien no conozca la escuela de cine de este notable director de clásicos modernos, no es otra cosa que ver películas, muchas películas; asiáticas, europeas y cómo no, cine y televisión estadounidense. El artista en cuestión es un maestro en el corta y pega. Es cierto que esta historia de un atraco frustrado tiene ecos de muchas historias más allá de la idea central ya vista en City on Fire (Ringo Lam; 1987) y es que "la gracia" de esta y todas las películas por venir de este director está en la manera en que combina lo mil veces visto logrando algo innegablemente bueno. La violencia es tanto visual como implícita, los ángulos de cámara llamativos y angustiantes cuando tienen que serlo. La idea de que los criminales hayan sido reclutados por un viejo gangster (Lawrence Tierney), que no se conozcan entre sí, que se tengan que dirigir entre ellos como señor Marrón (Quentín Tarantino), señor Rosa (Steve Buscemi), señor Naranja (Tim Roth), señor Blanco (Harvey Keitel) y señor Rubio (MIchael Madsen) y que tienen la certeza desde el comienzo de la película que hay un traidor entre ellos; nos pone los nervios de punta.

El montaje de las escenas es también una marca del tipo de cine de Tarantino. Vemos la historia contada por medio de flashbacks que nos van explicando cómo es que llegamos a la extremadamente sangrienta escena con que comienza la película. En resumen; el primer clásico de un director ineludible en los últimos treinta años de la historia del cine. Se debe reconocer, eso sí, que lo mejor de su estilo se puede encontrar en las primeras películas que escribió y dirigió; Tiempos Violentos (1994) o Jackie Brown (1997) son sin lugar a dudas las cúspides de su genio creativo pero, se puede asegurar que no hay película de Quentin Tarantino que sea aburrida. Este es el comienzo de un tipo de cine que, con sus altos y sus bajos, no puede ser igualado. 





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