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Amor Rojo (II)

 Después de un estallido social, después de que el partido comunista ha vuelto a formar parte del gobierno tras cincuenta años de exilio político, después de dos intentos fallidos de cambiar la constitución, después de la corrupción que se ve transparentada a veces por aquí, a veces por allá. Vuelvo a tener la necesidad de volver a la Fiesta de los abrazos.

Solo como casi siempre. Ahora sí que no vi a nadie conocido. Contemple la cada vez más estructurada organización del acceso, los locales de venta de libros, música y todo cuanto allá de mercadería "revolucionaria". Las charlas, interesantes como siempre y la propuesta de expresiones artísticas en vivo intimas y muy entrañables.

Desde hace más de veinte años que no me ponía en una fila para comprar algo para comer y beber. De hecho, primera vez que lo hago solo. Esa vez, hace más de veinte años, éramos varios los que andábamos sedientos y hambrientos porque nos quedamos hasta tarde. Una lata de cerveza bien helada y un choripán crujiente vinieron a reforzar el mote con huesillo que había sido mi almuerzo. 

Un señor, ya mayor me preguntó en la fila si yo era comunista. Evidentemente tomaba sus precauciones antes de ponerse a hacer sus comentarios. Le respondí que yo era demasiado suelto como para pertenecer a alguna religión o partido político; pero que apoyaba a los comunistas. El caballero se puso contento; se preguntaba ¿a dónde iban a para los millones de pesos que se recaudaban en concepto de entradas y locales de comida? Le explique lo poco que sabía con respecto a cómo es que se dividen las ganancias entre el nacional y los comunales. Quedó contento; hasta me dio la mano. 

Lo importante, coincidimos, es que existan los grupos políticos que equilibren en algo la cosa. Como los gremios y los sindicatos, que, aunque mejorables, es muy necesario que existan para que "los que mandan" no se suban por el chorro. 

El rojo, en estos días de inclusión, se ha ido matizando. Los rostros son similares, más no iguales, que los rostros del pasado. Es más que nunca la juventud. Su presencia es clara en el gobierno de la nación y en los discursos que hace diez años todavía acaparaban los nombres históricos de este partido que es el que más personas inscritas tiene en este país lo mismo solidario que arribista.

Alguien muy importante en la historia del arte al servicio de los anhelos comunistas contó un chiste que dijo, explicaba el espíritu de los verdaderos comunistas. A mí el chiste me hizo mucho sentido y creo que es aplicable, además, a cualquier persona que entienda el mundo se la manera que la mayoría tal vez nunca lo pueda entender: 

Estaban unos trabajadores arreglando una calle de la ciudad. Le daban duro al pavimento con sus herramientas cuando pasó un oficinista y les preguntó si irían a votar el domingo. Uno de los trabajadores le dijo que sí. Que iban a ir a votar y que ganarían. Incluso se atrevió a apostar que el día lunes estarían rompiendo el pavimento los patrones.

Cuando se volvieron a ver, el lunes posterior a las del día domingo (que por cierto el candidato de los trabajadores había ganado) el oficinista de volvió a encontrar con el mismo grupo de trabajadores dándole duro al pavimento con sus herramientas. Se dirigió al trabajador que le había hecho la apuesta y le dijo, más cómplice que burlesco: _ Ganaron; pero no es que hoy día estarían rompiendo el pavimento los patrones...

Los trabajadores rieron a la vez que gritaban al unísono: - Es que ahora nosotros somos los patrones... y continuaron trabajando. 

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