Ir al contenido principal

La risa

El que dijo que la risa abunda en la boca de los tontos de seguro es un tonto. No conozco nada tan gratificante como reírse; reírse con todo el cuerpo y con todos los sentimientos. Reír de lo simple y con mayor delirio reírse de lo complicado.

No es preciso reírse en el momento en que se está pasando mal, pero eso sí, no dejar de reírse cuando lo que nos parecía tan terrible se encuentre ya lejano.

Guardo un profundo respeto por todos aquellos que hacen reír, me enamoré de una mujer que entre sus más bellos encantos porta el agua de la risa; ella es capaz de reír incluso tras el manto de sus propias lagrimas formando dos sendas que la hacen ver tan linda como tierna. He tenido amigos que son verdaderos artistas de la risa, la portan en sus más escandalosos colores y la administran generosamente pues saben muy bien que la risa solo puede traer más risa.

No me río de los otros sino que me río con los otros. No me río del error de otro tanto como me río de mis propios errores y me la paso muy bien tratando de enmendarlos.

Me gustan los niños y las niñas que se ríen de cualquier cosa y me asustan los que ya no saben cómo reír.

No tengo vergüenza de hacer reír a otros; es más, me encantaría hacer reír más y aislarme menos, porque aunque amo a esa vieja compañera que es mi soledad a veces pienso que es demasiado el tiempo que le consagro.

Dicen que reírse arruga la cara, que se usan no sé cuántos músculos en tan hilarante ejercicio. Dicen tantas cosas y sin embargo que agradable es reírse.

Todos de alguna manera podemos encontrar el modo, y está más que comprobado que la risa ayuda a conllevar las enfermedades terminales; que es un remedio infalible para la pena.

Ojala menos fanáticos se tomaran las cosas tan en serio y hubiese más gente dispuesta a reír en el mundo.

Mientras tanto nada se pierde con empezar nosotros mismos a contagiarnos y contagiar la risa.

Es seguro que bellos surcos y músculos ejercitados al menos tendremos.

Comentarios

  1. Mucho mejor tener una arruga entre las mejillas por tanto reír, que tener el ceño fruncido por tanto enojarse. Creo que por eso tengo tan marcadas esas marcas al lado de las mejillas :D. Incluso cada día me digo "es mejor afrontar cada cosa que el destino nos depare con usa sonrisa, ya que, las caras enojadas no ayudan para nada" cosa que hasta los niños agradecen n_n.
    Me gusto mucho lo que escribió!!!!!! (ya que varias veces me han dicho tonta por afrontar las cosas difíciles con una risa)
    (n-n)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...