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Los Siete Samurais (1954)

Akira Kurosawa fue a todas luces un maestro del cine; su obra tan potente como emotiva a cautivado a grandes nombres del séptimo arte (Martin Scorsese, Steven Spilberg y George Lucas, por nombrar solo a tres),  y es junto a Hayao Miyasaki uno de los mejores ejemplos del cruce cultural que no pocas veces se producen en la cinematografía mundial. Sus películas tan reconocidas y bastantes veces reversionadas encuentran en Los Siete Samurais la principal joya de la corona.

La historia de un pequeño pueblo de campesinos, asaltados y abusados constantemente por una banda de delincuentes la hemos visto en bastantes películas, pero la poesía y el trágico humor que caracteriza la imperfección humana tan solo la podemos encontrar en esta colosal película. Que un grupo de los asustados campesinos viajen al pueblo más cercano en busca de un guerrero que los proteja puede parecernos una escena conocida para los que disfrutamos de los western y es que esta película en particular y las películas de época en general han dado un modelo a seguir en obras claves como Por un puñado de dolares, Los siete magníficos o Cuatro confesiones.

Los campesinos logran el auxilio de seis samurais y un pillo cualquiera que se hace pasar por algo que nunca fue; los llevan a su poblado bajo oferta de a penas darles algo de arroz para comer. después de todo, en la época en que se ambienta la película, el trabajo de samurai ya no gozaba del reconocimiento de antaño. Los guerreros en un comienzo aceptan defender a los campesinos pero en la medida que descubren que el trabajo será mucho más duro de lo imaginado y viendo que ellos no vivirán para protejer a los campesinos por siempre, los comienzan a preparar para que se defiendan así mismos.

Una obra que prevalecerá mucho más allá de lo imaginado debido principalmente por el certero y sabio retrato de la condición humana; una marca registrada del director japonés.






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