Ir al contenido principal

Para leer al Pato Donald

Acabo de terminar, hace algunas semanas, un libro que dió mucho que hablar a principios de los años setentas y que al día de hoy sigue estando innegablemente vigente. Para leer al Pato Donald (Ariel Doffman- Armand Mattelart; 1972) el cual es un ensayo o tratado marxista acerca de como las historietas de la factoría Disney lavaban el cerebro de los países de Sudamérica a través, no solo del refunfuñón pato, sino que con toda una fauna de seres humanizados según y para el servicio de la ideología capitalista.

Es un libro de lectura imprescindible; no porque nos neguemos a evolucionar el pensamiento según el devenir de los nuevos tiempos, sino porque al igual que otros libros que fueron publicados durante aquella década, intenta revisar las bases de nuestra identidad. En el mundo de Donald y compañía no existen relaciones directas (no hay padres ni madres), los bienes materiales existen pero no existe la mano de obra que los produce, siempre hay ladrones que quieren robarte tus propiedades, los países del tercer mundo nunca son blancos, son bobos y las mujeres no tienen otra función que ser bellas, buenas dueñas de casa y aspirar tan solo a ser queridas.

A nadie debiera extrañar que los diarios de derecha de aquellos años hayan hecho un verdadero escandalo ante la sola existencia de este manual para descolonizarse. Los personajes Disney siempre fueron considerados intocables debido a su supuesto carácter de sana entretención. Pues bien, tras leer el ensayo queda claro que la interpretación que dan los autores no es tal; muchas aseveraciones tienen profundo sentido. La globalización en la que estamos hoy insertos no ha hecho sino confirmar algunos de los preceptos postulados en este ensayo; cabe aclarar sin duda que incluso Ariel Doffman; principal autor del libro reconoce en recientes entrevistas que el libro es fruto de un momento histórico como nunca habrá otro (el libro fue publicado al alero del gobierno de la unidad popular en Chile).

Insisto en que es un libro de lectura más que necesaria. Una deconstrucción de urgente para aquellos y aquellas que no quieran seguir siendo vistos como niños o como salvajes buenos o salvajes malos. Probablemente un tesoro para los estudiosos de la evolución intelectual de los pueblos latinoamericanos y por qué no escribirlo: uno de los evangelios para los intelectos anticolonialistas. Leer para reflexionar nunca está de más y este libro fue y seguirá siendo siempre un enorme aporte al pensamiento crítico que construye en medio de la ignorancia que es usada siempre en nuestra contra.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...