Ir al contenido principal

Las revoltosas (V)

     Si las mujeres hubiesen podido gobernar un poco más seguro sería menor la corrupción, no hubiesen sido ni la primera ni la segunda guerra mundial, el presupuesto de los países seguro no hubiese sido malgastado en tanto armamento.

    Si alguna vez son más las mujeres que los hombres que gobiernan seguro deberán recordar que se precisan mujeres que no tengan el impulso de destrozar a las otras mujeres. Mujeres que puedan resistirse a la envidia y al resentimiento, a la fascinación por la comidilla y el comentario sin mayor fundamento.

    Será necesario oponerse al odio de clase, al miedo a la diversidad de géneros, a la inexplicable inseguridad que les impide ser ellas mismas, dejar de esperar gustarles a las y los otros sin creer por ello que lo que piensan o sienten los demás está de más.

    Tuvieron que superar sus propios miedos, la inseguridad que les impregnaron las revoltosas para ser recordadas a diferencia de tantas que como gotas en el agua son mucho más olvido que reconocimiento. Las mujeres siguen definiéndose en base a su relación con los hombres; son abuelas, madres, esposas e hijas y es por eso que no trascienden, por eso que les cuesta tanto reconocer a otra mujer cuando sobresale; pueden ser las mujeres las más crueles verdugos de otras mujeres.

    Las revoltosas han intentado decírselo a quienes quisieran escucharlas, leerles o no pasaron por alto sus silencios. No solo los hombres deben ser reeducados, las mujeres deben demostrarse así mismas que sus logros no son gratuitos; leer, comprender que ha sido tanta la vida inutilizada de las mujeres, cuidar de no convertirse en aquello que a lo largo de su historia les ha causado tanto daño.

    Si algún día las mujeres recuperan el sitial del que nunca debieron ser arrancadas por la ignorancia y la prepotencia de aquellos, que no entendiéndolas, decidieron zanjar las diferencias con violencia; deberán cuidar de no convertirse en aquello que la mayoría de los hombres han sido hasta ahora.


 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...