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Simone Weil

 Me recordó a León Tolstoi, pero su vida me estremeció mucho más. Vivió sus primeros años a lo sombra de su hermano, que al parecer era muy inteligente, y llevó su compromiso con sus causas a limites muy difíciles de alcanzar. Se entiende que su imagen no sea demasiado conocida porque su postura de vida no es, en lo absoluto, una postura que pueda ser vendida. Renunciar a todos los privilegios (aunque estos sean pocos) no es cosa fácil y esta, en apariencia, frágil mujer lo hizo. No está en tazones, ni en poster, ni era, hasta hace poco motivo de estudio. Sus escritos fueron publicados, en su mayoría, de forma póstuma y su ejemplo se encuentra, en este instante, al alcance de cualquier intelecto.

Fue profesora, más de una vez. Filosofa y activista. Obrera también más de una vez y por propia voluntad. Buscó una fe que le representara a lo largo de su muy corta vida y solidarizó más de una vez con quienes estaban en desgracia o eran excluidos. Dicen que cuando niña no comió azúcar mientras duró la primera guerra, que le enviaba a un soldado las cosas de las que se privaba. Que intentó participar en la Guerra civil española y que siendo francesa renegaba de cualquier bandera. Dicen que pensó y que escribió, que llevó una vida muy accidentada y que su determinación le costó la vida a los 34 años.

Más de veinte obras entre ensayos, cartas y reflexiones que provocaron la más profunda admiración de otros intelectuales. Obras que fueron reunidas y publicadas en su conjunto después de su muerte. Ella había publicado algunos de sus ensayos y reflexiones pero no habría contado con el tiempo suficiente para ver sus libros. Buscó, toda su vida buscó respuestas a las preguntas que le quitaban el sueño. "Opresión y libertad", "La condición obrera", tal vez sus obras más importantes. Su naturaleza mística deja mucho en qué pensar en sus escritos religiosos. Escritos que se sustenta en vivencias que se sobreponen a la teoría tan común en tantos intelectuales con los que compartió época.

Bello ser humano, bello espíritu revelándose permanentemente al dolor, al sufrimiento; incluso al cansancio que nos embrutece y tal vez justifique muchas de nuestras contradicciones vitales. Ojalá sus escritos y su ejemplo puedan equipararse al de tantos otros y otras que siendo más conocidos han sido mucho más tergiversados. Lo de ella es muy poco manoseable; por eso que no es tan conocida. Nunca es demasiado tarde para conocer.         

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