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La artesa




Conocí a la mujer en el pequeño mar de su artesa. La vi lavar y volver a enjuagar los retazos de su vida con sus manos marineras y vi sus cansancio naufragar en la lavaza. Acariciaba el oberol manchado de su viejo como intentando con la mugre, también sacarle los años de cansancio a su amado compañero. La escuché cantar y cantaba y lavaba sin rencores: El vestido de su niña lo estrujo con dulzura para que no se marchitaran las flores que ella misma le estampó un día. Pensaba en su comadre y en si tendría un pan para darle a sus hijos y sonrió al recordar que su compadre hace poco que había encontrado pega y de seguro las carencias pesarían ahora menos, entonces tropezaron sus dedos con el pantalón corto de de su niño y pensó en cómo había crecido su chiquillo...parecía ayer cuando en su regazo lo tuvo tibiecito.
¿Qué le esperaría pal mañana a sus dos crias...?. Se arrumbaba la ropa propia y la ajena en los tarros y había que tenderla; el sol se marcha demasiado pronto en las poblaciones y hay que aprovecharlo...¿algún día nos cobraran por el derecho a usar el sol?. Ella sabe que el libremercado avanza y aunque todavía lava en artesa, está consciente de que el país progresa y vive contenta porque la educación básica ahora es un derecho y aunque hay que esforzarce harto porque el presente es demasiado estrecho...pero el mañana será de sus hijos...
Ya hirbió el agua en la olla; hay que pelar las papas, luego no más llegan su viejo y los niños de la escuela. Arranca el corcho, se seca las manos y mira el remolino gris de la lavaza que con la mugre arrastra todo lo opaco y antiguo de su ropa, entonces sonríe contenta, hoy terminó temprano y a pesar de la pobreza todavía cuando está por ver a los suyos se le arregla el alma.
Hay que preparar el almuerzo, por que los suyos cuando tienen hambre no pueden esperar.

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