Ir al contenido principal

Una historia democrática

 Tenía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió.

Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conveniencia la que terminaba hablando por todos y a todos les venía bien un cambio. Lo malo era que el cambio que tanto hacía falta tendría que seguir esperando. Ganara quién ganara porque hace rato que sentía que el país no eran los políticos los que mandaban.

Sentía que estaba muy claro que mandaba el Banco Mundial, que eran las grandes empresas las que mandaban. Aquellos organismos que le pedían estabilidad económica a los políticos a cambio de gobernabilidad. Había quedado demasiado claro en el país lo que podía pasar si ganaban en las urnas los que no tenían que ganar. Desde entonces que los políticos hacen como que son enemigos aunque no lo son por que al haber más de un poder del estado tienen que negociar; y no sólo con dinero sino que además con la sentencia de que, pasados cuatro años, a la oposición le puede tocar ser gobierno y a quienes gobiernan les puede tocar ser oposición.

Muy temprano se tenían los resultados. Es que este país es civilizado; no como otros...según los medios de comunicación que destacan, como tantas veces, el civismo de quien perdiendo llama a quien resulta ganador ofreciéndole un apoyo que cada vez queda más claro que es en beneficio del modelo político y, si es que sobra algo que no sea digno de robar, puede que sea en beneficio de aquellos votantes del país que se sienten importantes, cada cierto tiempo, porque les han convencido que eligen entre una variedad de personas que son un poco lo mismo. Ya ni siquiera importa, según la historia de la democracia en el país, que la persona que gana tenga buenas ideas. No son las buenas ideas las que se gobiernan, son los intereses. Se acostó para dormir; temprano porque tenía que levantarse para trabajar en un país donde el progreso puede ser que sea menor, cuando gobiernan los equivocados, pero sin dudas que es progreso.

Progreso económico para los que tienen secuestrada la democracia; progreso en el desgano de celebrar algo, en quienes han aprendido que la democracia es un mal necesario. A nadie, que algo le diga todavía su corazón, se le va a ocurrir ponerse a defender cualquier tipo de dictadura.         

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...