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Sobre gustos

Lo que es yo:

Prefiero los pájaros a los aviones

Las orugas a los tanques

Los juncos a los fusiles

Los peces a los submarinos

Los libros a la televisión

Mis ojos y mis oídos

Al mejor de los diarios

Prefiero el pan al caviar

El vino al champán

Un cuadro de Van Gogh

Al Big Ben y su reloj

Las sonrisas al por mayor

A las siete maravillas

Valparaíso de mi amor

A Miami y su esplendor

Una buena empanada de pino

Al más fino de los tocinos

Un amanecer a un anochecer

Gardel a Francisco Canaro

Y un paseo en bicicleta

A un viaje en auto caro

Prefiero oír un poema

A un discurso sin elocuencia

Y la demencia a la lucidez

Sin conciencia...

A Martín Lutero antes que

A todos los papas juntos

Y a dos arrepentidos

Antes que ha diez justos

Prefiero a los pecadores

Antes que a los devotos y sus

Sermones...

Lo por descubrir antes

De lo que ya se sabe

Y el completo anonimato

A escribir por contrato.

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Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

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M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...