Ir al contenido principal

Abuscasoles

Vinieron de todas partes

Fundaron el fuego sobre la piedra,

Compartieron el fruto de la caza

Y bebieron del brebaje de fuego

Regalo de un Dios bueno

Cantaron ebrios de sangre que nace

Y bautizaron la tierra con nombre

De mujer.

Observaron el sol, la luna

Y el manto de pequeños astros

Nocturnos y comprendieron que era

Para todos lo mismo.

La tierra comenzó a dar a luz

Nuevos hijos y a poblar su extenso

Cuerpo florecido, de nuevos modos

De la vida.

Alzaron templos a sus dioses

Para agradecer la luz, el agua

Los vegetales y el viento.

Entonces vivieron tranquilos

Durante muchas lunas…

Pero apareció un día de enojos

Divinos la tormenta, hiriéndolo

Todo con sus agujas minúsculas

De cristales mojados.

Nació entre ellos entonces

El desconcierto.

Levantaron sus rucas y fueron

Viento sur.

Caminaron por valles y montes

Domando la tierra hasta entonces

Desconocida.

Desde entonces, cada cierto tiempo

Vuelven a buscar el sol para que

Bailen los vegetales

Y así hacer más sano el alumbramiento

De la tierra.

Palpan cada surco, y se quedan

Si lo sienten fértil…

Celebran entonces tras cada ciclo

Hasta caer rendidos y luego se van:

Se van por las que fueron sus tierras,

Buscando donde quedarse.

Como si fueran extraños, y sus propios

Hijos los desconocen.

Entonces vagan entre su propia sangre

Entre sus propios montes.

Ajenos… Silenciosos

Buscando nuevos soles, buscando

Soles nuevos. Buscando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...