Ir al contenido principal

Para cuando te vayas.


Me costó como nunca escribir estas líneas; aún más poderlas publicar, muchas horas de silencio y aún me cuesta reaccionar. Era la madrugada y la ignorancia vestida de sicarios fue lo último que miraron los cansados ojos de Facundo Cabral. ¡ Este mundo está patas para arriba...! Esos ojos que vieron tanta belleza para que su voz las cantara se apagaron tras algo tan miserable como suelen ser los atentados.
 
Espero que el cuerpo de Facundo tan gastado de hacer lo mejor que se puede hacer en esta vida, es decir vivir, no haya pretendido dar la lucha y se haya entregado rápidamente al descanso...para qué seguir despierto si quien no hacía sino hablar de amor y de paz lo acallaron por un momento el zumbido de las balas en un país que como todos los nuestros poca culpa tiene de las miserias que le agreden.

Cuesta creerlo, muchas veces lo dieron por muerto, pero esta vez va en serio. El hombre que me enseñó más de amor a Dios que todos los evangelios juntos ya no peregrinará por los caminos de la Tierra. 

Definitivamente ya no será ni de aquí ni de allá, sino que será de cada parte en donde continúe sonando su voz.

Sé que como yo muchos se habrán quedado sin palabras ante esta muerte tan absurda. No nos queda nada más que vivir y ser feliz...y si se puede, contarles a los que vendrán que en estos días de tanto egoísmo, banalidad y violencia cantó y anduvo un embajador de Dios a quien sus hermanos y aprendices llamábamos Facundo Cabral.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...