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Solidaridad de paso.

No quisiera deprimirme, ni escribir cosas como estas que ahora escribo; pero no puedo dejar de pensar en aquellos a quienes no veré por estar rodeados de gente. En aquellos que tan bien conozco y que de tanto andar haciendo hace mucho rato que ya no veo. Escribo de aquellos que no aparecen sino cuando les supera la desgracia...aquellos que están allí donde todos los pueden ahora encontrar hace tantas, tantas penas. Los que cuelgan de los cerros y cuelgan de las micros, aquellos que deben esperar toda una vida para que les digan que sus diagnósticos son terminales.

Oportuna es la ayuda en cualquier momento; quien sea que nos libre de pensar que será mucha...pero la memoria es frágil y donde una tragedia aflora enterradas quedan al menos dos. La tarea de ver las raíces que van quedando en el camino es cotidiana y ayudar en estos casos es algo que adquiere carácter de imperioso...pero cuando se vayan las luces que nos hacen tan evidente estos rostros que a diario olvidamos, cuando alguna noticia de dudoso valor humano nos haga olvidar muy pronto aquellos sentimientos que mirando la televisión nos abordan.

No es extraño que en medio del dolor algunos que olvidaron aquello que los hacía humanos saquen partido de cuánto sucede, y los hay variados tipos...aquel periodista que buscando la mejor sintonía para su noticiario pone en riesgo su propia integridad o aquel que busca hacer llorar a una niña victima de un morbo que va más allá de quienes informa. Están también aquellos demagogos que hacen acto de presencia en lugares donde el resto del tiempo nunca se les ha visto.

Hay quienes entregan aquello que les sobra y quienes no terminan de entender aquello de la dignidad del ser humano...qué tan difícil puede ser  asimilar esta idea. Ojalá como sociedad la pongamos más en la mesa de las conversaciones. No es malo para nada querer ayudar; los necesitados han estado y estarán. Este invierno hará mucho frío y no solo entre los escombros de estos cerros podemos desperdigar nuestros más nobles gestos. Ayudar al prójimo ojalá sea para muchos de nosotros algo más que un acto inducido por esos medios de comunicación que al igual que muchos de nosotros tienen memoria de corto plazo. Es seguro que vendrán otras tragedias, pero no es necesario actuar cuando estas lleguen; también se pueden hacer muchas cosas cuando nadie está mirando, cuando ayudar es una necesidad que nos avergüenza publicitar.





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