La escuela era un templo del saber. Saber quedarse callado para que hablaran los profesores, saber aguantar las burlas porque la ropa era vieja y parchada. Saber agradecer cada gesto de misericordia de aquellos que tenían más. Memorizar lo que los adultos consideraban importante, ver como las clases sociales nacen en las salas. Observar maestros cansados de dar su vida a niños que no valorábamos nada. Aprender el patriotismo y otras cosas de dudosa utilidad. Jugar en los recreos a que ya no eramos pobres, botar la rabia peleando a combo limpio en el patio de tierra. Soñar con lo que seriamos cuando grandes, sufrir por no tener dinero para comprar los materiales...ver a esos que no se comen la colación, andar con las tripas ardiendo y la boca babeando. Esconderse en la oficina del inspector para no entrar a clases de religión, porque allí enseñaban la resignación, leer los libros de los cursos más grandes y aprender mucho más solo que mal acompañado. Varios amores no correspondidos y amigos tan o más olvidados que yo...ese era el lugar donde me maleduque para la vida y digo maleduque como una forma de dar las gracias porque en la vida de la gente bien educada no siempre se aprende a decir lo que realmente se siente y yo desde muy niño no sé de esas cuestiones.
T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

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