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Mi lado de la vereda

Tengo que reconocer que la mayoría de las veces me pongo del lado de los que tienen menos poder o los que visto lo visto y vivido lo vivido, llevan la de perder. Me explico; si estoy del lugar de los mapuches es porque no desconozco que ellos vendieron sus tierras, pero también conozco que la mayoría de ellos firmaron papeles sin haber nunca aprendido a leer. Me pongo del lugar de los expropiados porque aunque ellos no quieran les quitarán sus propiedades en algún momento pues la porfía nunca ha podido detener el vitoreado avance del capital. Cada vez se construyen más centros comerciales y quedan en el olvido más casas con patios donde podíamos jugar. Plazas todavía construyen pero sacan los árboles y ponen máquinas para hacer ejercicio y no digo que no haya que ejercitar el cuerpo pero ¿por qué no ponen también bibliotecas para ejercitar la mente?

Me pongo del lugar de las minorías que hace rato ya no son pocos pero siguen siendo ridiculizados como siempre por personajes patéticos que no hacen ningún favor a aquellos que aseguran representan. Estoy del lado de los niños y niñas que se escapan de los sombríos lugares donde aún no entienden cómo cuidarlos, de las mujeres que no se han dado por vencidas y siguen intentando que sus ideas e intelecto sean vistos algún día y de los que hacen arte sin el auspicio ni la tribuna arrendada de ningún poder ni empresa. De los que todavía sueñan a pesar de que la realidad, según dicen, nos indica que debemos hacernos bolsa los unos a los otros.

Reconozco que pensando así nunca me conocerá nadie, no formaré parte de red social alguna y que inevitablemente seguiré quedándome solo en este mar de gente. Solo entre los que ascienden y los que permanecen aplaudiendo con las manos y descalificando con los labios. Personas así hay cada día más y puede que yo sea el que está equivocado; y en ese hipotético estado de error me siento calmo. Las personas de las que permanezco cerca son y seguirán siendo por mucho tiempo los marginados de esta y otras fiestas...con ellos me quedo porque en medio de tanto ruido, el solo silencio de ellas y ellos, me dice mucho más que los oportunos discursos de aquellos buscan un pronto reconocimiento, el poder que al parecer siempre merecieron.

La gente que me parece imprescindible es aquella que aunque fracasa; no se da por vencida.   
  

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