Ir al contenido principal

Cría cuervos (1975)

La pequeña Ana Torret tremenda, Geraldine Chaplin en un estado de absoluta gracia, serenidad y belleza en una historia sobre una infancia maldita, de lo que fue visto desde el resguardo de lo que es. Carlos Saura dirige una obra de arte sobre la transcisión de la dictadura a la democracia, repleta de símbolos y guiños que confunden a la vez que cautivan.

Hay quienes dicen que es una película surrealista cuando pocas son tan realistas en cuanto a su representación de la inocencia infantil y las tan humanas bajezas de la edad adulta. La película nos ofrece el largo verano de tres hermanas huérfanas; sus motivaciones son tan variadas como complementarias, está la pequeña Mayte, inocente y dueña a la vez de una madurez desconcertante, Ana quien es capaz de ver a sus padres muertos en tiempos que confunden el pasado con el presente e Irene en el comienzo de su adolescencia. Las hermanas están al cuidado de una hermana soltera de su madre que además debe cuidar de su madre; una abuela muda y desmemoriada.

La infancia de Ana está cargada de una tristeza endémica que reconoce muy pequeñas pausas, sus hermanas también divagan bastante lejos de los tópicos en cuanto a niños que nos tiene acostumbrados sobre todo el cine más actual. La misma Ana ya adulta es quien nos cuenta su historia, una historia que desde el comienzo no nos da tregua pero tampoco nos decepciona. Carlos Saura en estado puro incluyendo dos canciones que una vez más dan fuerza a las emociones que filma. En realidad es una película entrañable, una obra en la que cualquiera que no guarde recuerdos demasiado alegres de su infancia se puede ver reflejado. Una metáfora además del paso natural de un país que va desde lo impuesto hacía la libertad, la identidad propia y el auto conocimiento.

Mención a parte que la conocidísima canción ¿Por qué te vas? de la cantante hispano británica Jeanette adquiere un sentido totalmente distinto a partir del visionado de esta película.   



Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...