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El arte de amar

La forzada convivencia con una compañera de trabajo que inevitablemente va dejando restos por donde quiera que pasa de pedacitos de su corazón marchito me empujo a la re-lectura de este libro que había dejado en el estante de las necesidades que me abordaron durante la adolescencia. Adolecía por entonces como ella de ganas de ver en los otros nada que no fuera sino el reflejo de mi propio desconsuelo. Sé que no pocos de nosotros debemos interactuar con personas que no solo parecen muy dañadas, sino que necesitan de la atención de quienes les rodean haciéndonos pensar que quienes debiesen contenerles no se han dado a la tarea de hacerles sentirse queridos o queridas.

Erich Fromm era psicoanalista y uno de los autores más consultados durante el siglo XX. Sus obras son por lo general breves y muy fáciles de comprender. En este libro que comento reflexiona en torno a aquel loco sentimiento al que llamamos amor por medio de cuatro capítulos que leídos muy avanzado el siglo XXI, tienen una vigencia cuando menos pasmosa. Amar no es fácil, demanda tiempo, practica y humildad...cosas muy difíciles de encontrar entre quienes viven ahogándose en el agitado caudal que es la vida en nuestras actuales sociedades consumistas.

El amor se confunde inevitablemente. Amar no es enamorarse ni es ser amado, no es un bien que se puede administrar ni condicionar. El amor crece, se desarrolla o se marchita dentro de nosotros; separados de lo otros. Esa separación a no pocos les provoca una marcada angustia que desforma sus rasgos tan personales. El amor es una paradoja, una ridícula confusión para aquellos que piensan que es un hecho que debe obligar a dos a ser solo uno cuando por más que se fuerce la relación no habrá manera de que sigan siempre siendo dos. Dos con mundos y deseos muy distintos.

Se puede amar de manera inmadura; es decir: Te amo porque te necesito  o de manera madura; osea: Te necesito porque te amo. Este libro busca advertirnos que nadie nos puede enseñara a amar; que a amar solo se puede aprender amando. La práctica nos va fraguando; de ahí que me cada vez me cuesta mucho más entender a aquellos y aquellas que se niegan a amar a los otros y claramente no me refiero a aquella manoseada tontera de amar al prójimo como a si mismo o a poner la otra mejilla, me refiero a valorar la existencia de los otros que por muy opuestos a mí, son y seguirán siendo el reflejo de mis actos. Como verán un libro que si alguna vez lo leyeron no les vendría nada mal volver a leer y si no...que esperan; quien se atreve a alimentar su entendimiento ama con mayor facilidad. 

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