Ir al contenido principal

La Guerra de las Galaxias (1977, 1980, 1983)

Para nosotros que fuimos niños en los años ochenta en aquel siglo que pasó hace tan poco y sin embargo parece tan lejano...la película era una sola y se llama La Guerra de las Galaxias. La primera parte fue hecha el año 1977 y luego hicieron dos partes que concluían aquella historia de un tal George Lucas que mezclaba vaqueros, con samuráis y planetas a partir de entonces más que probables. La vimos la mayoría en la televisión y en blanco y negro, muy pocos afortunados las vieron en el cine, porque aquellos tiempos, como escribí, parecen muy lejanos. Poco o nada sabíamos de poder ir al cine o de la mercadotecnia, ni de sagas que son grandes negocios y que parecen destinadas a nunca acabar.

Al igual que con King Kong (1933); la experiencia era muy similar a jugar como solo creíamos que se podía jugar con la imaginación. Ante nuestros incrédulos ojos volaron naves espaciales, brillaron sables de luz y caminaron robots tan o más humanos que muchos humanos que hasta entonces habíamos conocido. Repentinamente las maquetas eran cine, los rebeldes y los pilluelos eran buenos y conocimos un woki llamado Chubaca que no hablaba nada pero que aún asi nos parecía bastante convincente. Algunos alucinaron mucho más allá de su infancia y se volvieron seguidores fieles de la fuerza.

Como película propiamente tal; una revolución ya por la mayoría conocida. Insisto en la pureza con que presenciamos esta película que por lo visto a envejecido demasiado bien gracias a los retoques digitales que cada cierto tiempo le da su creador; pero que mucho más allá del mega negocio en que se ha transformado es un ejercicio de imaginación pura, una película que sin pretender se volvió más que un fenómeno cultural que atravesó generaciones. Sus tres protagonistas principales: Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford fueron y son mega estrellas, piedras inaugurales de una mitología que se desborda por medio de incontables vertientes.    

Incluso se dan el lujo de tener como mentor y maestro al mismísimo Alec Guinness (Obi-Wan Kenobi) que murió pensando que había participado de un bodrio sin pies ni cabezas; pero ya ven. Es una maravilla de la que hay tanto escrito; una oda al cine como entretención y ejercicio de escapismo, la extraña necesidad de volverla a ver cada cierto tiempo y continuar con una que pre-cuela o una secuela de esas que hoy se producen en cantidades tan desproporcionadas como de dudosa calidad.
Como dicen; todo tiene un comienzo; éste siempre lo podremos encontrar en una galaxia muy, muy lejana donde no importando cuantos años hayas cumplido, seguirás siendo para siempre un niño. 





Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...