Ir al contenido principal

Un regalo para compartir 12

Hoy estoy de nuevo de cumpleaños. Llegada cierta edad uno comienza a mirar más para atrás que hacia adelante; hace recuentos, revive aquello que dibujó las marcas y las comisuras que quedaron tanto a la vista de todos como muy dentro, tan dentro que solamente uno sabe que están donde nadie las ve. Decidí regalarme el ir a caminar y como lo vengo haciendo durante los últimos años, compartir mi regalo con otros y otras. 

Estoy haciendo caminos que tenía pendientes desde hace mucho tiempo. Abordé un bus ya bien caída la noche que me trajo al pueblo que tanto amaba un amigo que era un gran ser humano y que inoportunamente murió demasiado pronto. A él yo le había prometido que viajaría algún día a conocer sus calles, su lago y sus cerros. Por ahí empecé este viaje que presumo será para algunos muy largo cuando para mí es apenas el comienzo de viajes de encuentro y reencuentro con personas, aromas, sabores y recuerdos que me habitan desde siempre.

Otro bus me dejó cerca de la principal plaza de un lugar que no conocía y que me pareció hermoso de tan sencillo y tranquilo. Los lugares que los ancianos recuerdan ya casi no existen pero hay rincones que son ventanas a los olores que soñamos, a los colores y sensaciones que, sin ser nuestras, las reconocemos vaya a saber por qué. La gente en regiones suele ser más amable, más reposada e inolvidable; nadie que uno conozca lejos de las ciudades puede ser olvidado con facilidad, incluso uno mismo se vuelve una persona interesante para aquellos que no le habían visto ni escuchado nunca. 

La distancia germina nuevos amores y fortalece aquellos que tenían buenas raíces. Andando mucho también mucho extrañé; pero se debe caminar mucho para saber más y por eso seguí caminando. Anduve por pueblos que se niegan a ese progreso de bancos y centros comerciales, me bañé en ríos donde muchos se bañan ajenos a las vanidades de los grandes balnearios y comí en tabernas en las que si sus paredes no se han caído todavía, es de puro bien hechas que están.

Pasé también por aquellos lugares que poco a poco se convierten en lo que las demandas económicas, la ley de la oferta al mejor postor y el concepto actual de igualdad establecen; las grandes tiendas, las marcas, la tecnología que son hace un buen rato necesidades básicas de quienes en estos tiempos respiran y conviven en las redes sociales. Caminé lento, confirmé que a comprar, todos tenemos derecho, a mirar vitrinas y carteleras que nos distraen de los rostros curtidos, los cuerpos inarmoniosos que insisten en recordarnos que somos distintos, que las clases sociales se pueden mezclar pero nunca ser una misma clase. 

Me senté en los terminales de buses a ver la gente que viene y la que se despide, hablé con borrachos y me emborraché, dormité en la banca de una plaza dejando irresponsablemente pasar el tiempo que a nadie le pertenece más que a mí mismo. Todo mi mundo cabía una vez más en una mochila, planes para el mañana no eran necesarios; tal vez la certeza de que así como esta vez había caminado rumbo al sur, sería bueno que también caminara algún día rumbo al norte.   
   

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...