Ir al contenido principal

El resplandor (1980)

Ésta es tal vez una de las contadas ocasiones en que la película es mejor que el libro. Parece no haber  demasiado animo para la discusión, al menos para aquellos que por sentirse entendidos, no dan espacio a discusiones. Sin embargo, el debate, el enfrentamiento de pareceres o de percepciones inevitablemente terminan por favorecer a cualquier obra y otorgarle razones tanto a los defensores del cuento original como a la mítica película a la que en esta entrada me refiero.

El texto original es de un superventas indiscutido, Stephen King, quien se atreve a discutir que este escritor no es un rey Midas de las historias que han dado origen a algunas de las películas más exitosas de los últimos cuarenta años. La película de un genio conocido como Stanley Kubrick, cerebro detrás de algunas de las mejores películas de la historia. No existe comunión entre las sensibilidades y los propósitos de los dos creadores; y eso no hace sino hacer más interesantes los comentarios.

La historia va de un escritor que pasa por una sequía creativa y que consigue un empleo de invierno cuidando un antiguo hotel donde se muda junto a su esposa y su pequeño hijo. El hotel guarda secretos que sólo se revelan a quienes tengan una determinada sensibilidad que poco a poco irán desarrollando cada uno de los integrantes de la familia. La película hunde literalmente a sus personajes y al espectador en un ambiente asfixiante. El perfeccionismo de Kubrick nos deleita una vez más con su uso de las cámaras y la música, con un montaje que nos inquieta a la vez que nos fascina.

Es una película de terror validada y reconocida lo mismo por la critica que por los amantes del terror clásico (no siempre por los que confunden miedo con asco y curiosamente tampoco de Stephen King que años después produjo una miniserie más apegada a su sensibilidad creativa); repleta de mitos que han sido exageradamente alimentados por las nuevas generaciones. Mucho más allá de ellos, una experiencia inolvidable, una invitación a uno de los momentos cumbres del séptimo arte interpretado, al borde de la locura, por un inspiradísimo grupo de actores encabezados por aquel ciclón de los años setenta y ochenta llamado Jack Nicholson y aquella inquietante maravilla llamada Shelley Duvall. 

      

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...