Ir al contenido principal

Los revoltosos (II)


Resulta que un día, en un lugar llamado Francia, la burguesía (esas personas que vivían en las primeras ciudades allá por Europa) le pareció que ya bastaba de mantener a aquellos zánganos de la monarquía y les dio por poner de moda eso de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Se tomaron un fuerte conocido como La Bastilla y condenaron a muerte a todos aquellos que se opusieran a las ideas nuevas.
    Esta revolución de muchos fue una cosa buena. Fue causa e inspiración de no pocos movimientos de independencia en las colonias que hasta entonces pensaban que era lo más normal que los reyes lo controlasen todo a la distancia. De saber cosas, hace rato que las venían sabiendo, pero dicen que la costumbre es fuerte y que no es fácil cambiar de la noche a la mañana lo que se ha creído acertado por años. Sin embargo, en Francia fue posible; lamentablemente los pensadores no tardaron demasiado en tener ideas distintas los unos de los otros y así fue como aquellos que lideraron en un comienzo el movimiento terminaron sus horas en las mismas guillotinas donde habían dado por terminadas las dinastías que en la naciente Edad Moderna ya no existirían.
   Fue un caos todo aquello; se instauro la extraña costumbre de que la revolución casi siempre termina por devorar a los revolucionarios que le dan vida, la libertad suele tener un muy alto precio que alguien inevitablemente debe pagar, que los hombres somos todos iguales, pero siempre habrá hombres que son más iguales los unos con los otros y la fraternidad dura lo que llegue a durar la conveniencia entre aquellos que mandan y quienes se dejan mandar. Sin embargo, en modo alguno sería aquel el fin de los revolucionarios ni el de las revoluciones. De tiempo en tiempo las ideas nuevas hacen para bien o para mal el trabajo que la tradición se niega a hacer.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...

Frases XXVIII (Umberto Eco)

 " Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles". "El saber no es como la moneda, que se mantiene físicamente intacta incluso a través de los intercambios más infames; se parece más bien a un traje de gran hermosura, que el uso y la ostentación van desgastando". "No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias". "Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en saberlas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas". "El diablo no es el príncipe de la materia, el diab...