Ir al contenido principal

La vuelta al día en ochenta mundos

Estaba leyendo Último Round; fascinado tanto por su diseño como por su creatividad cuando me vine a esterar que el libro que estaba leyendo vendría a ser una continuación de La vuelta la día en ochenta mundos del mismo Julio Cortázar. Más por manía que por obligación cambié de libro y me dispuse una vez más a dejar en plena libertad mi sentido más lúdico de la lectura. 

Leer este tipo de libros que el entrañable autor argentino, radicado en Francia, denominaba almanaques es una experiencia sin duda extraña. En lo personal he confesado con anterioridad que no pocas veces los textos de Cortázar tengo que leerlos más de una vez para empezar a comprenderlos, no pocos me sorprenden y también no pocos me parecen pretenciosos a pesar de que no es la característica natural de este, a ratos, genio de la prosa. Las imágenes, las ilustraciones y el diseño de la editorial rm brilla con luz propia; sé de otras ediciones (la de siglo XXI por ejemplo) e imagino que conservaran el afán artístico del autor.

Este es un libro para atesorar, no muy fácil de encontrar en librerías, la edición que comento es cara, pero insisto que es un tesoro del cual el lector asumido no podrá dejar de sentirse orgulloso de haber leído. Existen ediciones más económicas en las librerías y la posibilidad de descargarlo por Internet en formato PDF (los que leen en computadores, tablet y celulares entienden demasiado bien de lo que estoy hablando). Lo cierto es que tras leer este comentario con atención no existe ninguna excusa para dejar darle una miradita (y ojala más de una lectura) a este estimulante libro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...