Ir al contenido principal

Las revoltosas (IV)

    Manuela aunque ignorada, olvidada e injuriada fue una libertadora para quien los hombres de su época celebraban como a un libertador, Rigoberta sabía que nacer india y pobre es causal de muchos penares al igual que Gladys sabía que por más que preguntará nadie le diría nunca donde estaba el cadáver del hombre que ella había elegido para compañero.
    A Manuela no le gustaban los hombres que no sabían reír y por eso dejo a su esposo, Rigoberta siendo una jovencita empezó a guiar a quienes así lo quisieran en contra de los terratenientes que pensaban que por ser mujer era incapaz de hacerlo, Gladys era muy chica todavía cuando su padre la dejó junto a su madre y a sus tres hermanas permitiéndoles saber que las mujeres no siempre necesitan a los hombres para salir adelante.
    Manuela postergo su nombre en beneficio de un hombre amado en vida y venerado en la muerte y fue el tiempo el que terminó por ubicarla entre las primeras feministas del nuevo continente, Rigoberta aprendió que cuando los dueños de todo le declaran la guerra a quienes no tienen nada la piedad cristiana es ignorada cuando se trata de quemar a los disidentes, Gladys antes de los treinta años ya sabía lo que era trabajar codo a codo con el pueblo que sus ideas decían defender.
    Las tres supieron que por honestas que fueran sus intenciones la gente suele votar por hombres al momento de distribuir los poderes, sabían que para sobresalir en política era y es necesario afinar el pensamiento, trabajar el doble para obtener apenas la mitad de la credibilidad que tienen aquellos que les prometen este mundo y el otro a quienes parecen olvidar que desde siempre han gobernado los hombres, que las mujeres que llegan al poder son medidas de manera mucho más severa de lo que son medidos aquellos hombres que gobernando han cometido errores y a pesar de ellos han vuelto a ser elegidos para guiar el destino de pueblos que parecen olvidar que son los hombres quienes han declarado la guerra  a otros hombres embriagados en aquel viejo cuento del amor a la patria.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...