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Reivindicación de Diógenes el cínico


La televisión se ha encargado de relacionar su nombre únicamente al hecho de acumular cosas inservibles evadiendo su importancia filosófica. Un profesor universitario me contó un poco más acerca del hombre; yo algo sabía pero no imaginaba lo fascinante que podía llegar a ser su historia.

Diógenes era un filósofo griego que pertenecía a la corriente de los Cínicos fundada por Antístenes y recibía por igual tanto un profundo respeto como rotundas burlas por parte de sus contemporáneos. A plena luz del día llevaba un farol encendido y cuándo le preguntaban ¿por qué lo hacía?, su única respuesta era que andaba buscando a un hombre, no cualquier hombre...un hombre de verdad, alejado de los vicios y los defectos tan propios de los hombres que vivían en Atenas. Dormía en un barril y se dejaba llevar por sus impulsos. Dicen que Alejandro El Grande (un conquistador de esos que pasaron a la historia por ser un ganador) procuraba que el reconocido pensador fuese relacionado en términos amistosos a su persona, que le habría ofrecido lo que Diógenes quisiera si podía decir que eran amigos; hay viene otro de los motivos por los que es recordado este pensador que fácilmente, en su tiempo y en el nuestro, podría ser tomado por loco. Que no le tapara la luz del sol fue la petición que le hizo al todopoderoso conquistador demostrando una vez más que lo verdaderamente valioso no es lo material.

Decía que la felicidad se alcanzaba mediante la satisfacción de las necesidades naturales ignorando el peso de las convenciones sociales (especialmente en lo relativo a las imposiciones de las instituciones) por esta razón también se le conoció como Diógenes el perro. Andaba descalzo, vestía una túnica y lamía el agua de los charcos. Como otros grandes hombres del pasado no dejó nada escrito; es Diógenes Laercio quien cuenta la mayoría de las anécdotas que al filósofo se le atribuyen en su libro Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Diógenes, el filósofo, decía no tener nada porque todo le pertenece a los dioses, que los amigos suelen compartir aquello que tienen y es por eso que a él, siendo amigo de los dioses, nada le faltaba. Intentó alejarse gran parte de su vida de la complejidad, aprendía de la simpleza de los niños y buscaba acostumbrarse a la adversidad; su actitud huraña, antisocial e independiente del mundo externo coincide con la de algunas personas que terminan por apartarse de los otros (es por eso que la televisión habla del mal de Diógenes), acumulan cosas convencidos de que servirán de algo algún día. Aquellas personas están o se sienten solas. Creo que es tiempo de reivindicar el verdadero significado de los actos del sabio griego y de ocuparnos mucho más de aquellos que de tan solos, se esconden para sentirse acompañados por cerros de basura.


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