Ir al contenido principal

Canción infantil (Joan Manuel Serrat)

 He estado escuchando los primeros discos de Joan Manuel Serrat. He puesto especial atención a sus canciones en catalán y he estado recordando momentos en que me acompañó la bella poesía de sus grabaciones en español. Me estremece la poesía de Serrat que está a la altura de los poetas a los que a veces interpreta, su guitarra y los arreglos orquestales que desde la más temprana adolescencia me han emocionado. Se me antoja terrible constatar que algunas canciones de este disco, en particular, tienen hoy para mi mayor significado que nunca (Soneto a mamá, Decir amigo o Para vivir) que otras (De parto, Romance de Curro el Palmo o Edurne) aún son capaces de emocionarme desarmando mi supuesta bien templada fortaleza.

Este inesperado viaje al origen de un grande que tras muchos años ha comenzado a despedirse me ha dado tanto en qué pensar. He vuelto a recordar a tantos que quizás no imaginan lo mucho que les recuerdo. No pocas veces escuchar algunas canciones lo transportan a uno a momentos que no pueden ser revividos de una manera distinta a cómo fueron vividos. Joan Manuel Serrat parece haber sabido siempre esto que tras muchos años puede ser que yo comprenda. Jamás hubiese imaginado seguir escuchando discos como estos varios años después de aquellos momentos que son recordados en este momento inesperado en que lo infantil vuelve a confundirse con las experiencias que puede ser que logren explicar la melancolía que nos continua abrigando ahora que comienza a hacer frío. 




Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...