Ir al contenido principal

Tres libros especiales

 Para saber "algo" más del peso literario o del "valor" humano de Gabriela Mistral existen, hoy más que nunca, demasiados libros. Hay tres que a mí me produjeron algo mucho más elevado que una grata impresión; tres que me emocionaron, despertaron mi curiosidad y cimentaron el respeto que guardo por una persona y una autora que, en palabras del enorme Jorge Luis Borges (a quién claramente le faltaron años para poder seguir leyendo), es un "mito chileno". 

El primer libro especial me lo regaló una estudiante que es ahora directora de un jardín infantil. Cynthia Véliz; mujer maravillosa y sensitiva al grado de no poner reparo alguno para regalarme una viejísima antología que andaba dando vueltas en su familia hacía más de veinte años. Me consta que el libro era de ella porque aún conserva su nombre escrito con lápiz pasta en una de las primeras hojas. Me lo prestó primero; el tomo es muy abundante en materia de textos e imágenes. No hubiese sido para nada fácil leerlo a la rápida y Cynthia, como dije...como si nada, me lo regaló. Publicado el año 1974, como un esfuerzo seguramente de la dictadura de hacer sombra a la monumental imagen que de Pablo Neruda se tenía por aquellos días; es un libro de más de 250 páginas en donde hay poemas, correspondencia, fotos inéditas (por entonces) entre otros documentos varios (homenajes liricos, por ejemplo). Fue el libro más preciado de/sobre Gabriela Mistral que tuve por muchos años.

El segundo libro especial se editó en conmemoración de los sesenta años de la entrega del premio Nobel de literatura. El investigador Pedro Pablo Zegers Blachet encabezó un libro bello en el sentido estricto de la palabra. Un conjunto de textos de Gabriela Mistral decidores en su profundidad, acompañados con fotografías que le otorgaban merecida justicia a la mujer creadora. Fue publicado el año 2005. Esta vez las hojas son un poco más de 150 pero la acertadísima elección de textos favorece una lectura que mantiene fascinado a quien se adentra en las páginas de un libro que seguramente buscaba acercarnos a una mujer creadora que no estaría en primera línea del debate nacional sino muchos años después. Este libro es especial porque fue enviado a la mayoría de las escuelas públicas del país y se puede leer (de manera legal) completo en internet (pinchar aquí)  se adelantó en lo que respecta a desmitificar a la poetiza de los poemas infantiles y acercarnos a la mujer con ideas muy claras que podía ser muy entretenida presentada de la manera correcta.


El tercer libro es para mí, lo entretenido y lo profundo tomado de la mano: Bendita Mi Lengua Sea. Diario Intimo. Conjunto de escritos ordenados por Jaime Quezada y que es anterior al libro comentado con anterioridad (publicado en el año 2002) pero que, por razones comerciales, no es tan accesible como el libro anterior. La edición que leí es la de 2021; bastante más lúdica que la versión original. Ahora sí la mujer se sobreponía a la escritora. Su nombre y su imagen estaban en primera línea y ya era parte de la nueva visión que algunas y algunos tenían de país. La edición es entretenida y las páginas de un diario que se entiende como intimo no hacen otra cosa que enriquecer la imagen de quien las escribe muchísimo más allá de lo que podría enriquecerla - a mi modo de pensar - la correspondencia que no pocas veces se presta como alimento para el morbo que siempre vende.

En síntesis: tres libros para adentrase a los mundos de la, ahora mucho mejor, reconocida primera mujer y autora latinoamericana en ganar (ahora hace ya ochenta años) el premio Nobel de Literatura. Respeto, sensibilidad y espíritu marcadamente lúdico en el afán de hacer pública a una persona que no siempre la pasó bien siendo quien era y que hoy está más cercana que nunca para aquellos que no tuvieron antes la posibilidad de conocer un poco más acerca del mito chileno.  

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...