Ir al contenido principal

El Nacimiento de Una Nación (1915)


Si hiciéramos una lista de películas polémicas; ésta ocuparía uno de los primeros lugares. Lo ocuparía por su temática marcadamente racista y porque fue filmada en 1915. Fue para la época una super producción, con cientos de dobles y todos los adelantos cinematográficos posibles en la época. Sin embargo también podemos considerarla una obra de arte desde el punto de vista artístico. David W. Griffith, su director, fundó escuela. Su manera de usar las cámaras, su particular dirección de actores y el énfasis en la base de lo que ha sido a lo largo de su historia la percepción de pueblo elegido tan propia de los Estados Unidos le dan un interés totalmente justificado para cualquier amante del séptimo arte.
La trama está basada en la guerra civil que enfrentó por la abolición de la esclavitud al norte y al sur de los E.E.U.U. Los esclavistas son presentados como pioneros honestos y esforzados y su extremo, el Klu Klux Klan, una tropa de elegidos por el buen señor para liberar América de la amenaza de los negros. Negros que en la película, por cierto, son interpretados en su totalidad por actores blancos maquillados (el espectador constantemente se pregunta ¿cómo pudieron prestarse actores negros para semejante humillación?, pero hoy se sabe, no eran verdaderos negros).

Otro elemento interesante son las tres horas que dura la película (estamos hablando, recuerden, de una película muda). 180 minutos que en verdad pasan sin notarlos debido a la arrolladora propuesta visual.
No cabe duda, hay que disponerse a dejar de lado los prejuicios y maravillarse ante lo que un genio del cine llamado David W. Griffith fue capaz de crear en 1915, sobre todo hoy, en que lo políticamente correcto plaga el discurso de algunos que se hacen llamar artistas. No me parece el racismo, ni ningún tipo de discriminación; teniendo esto en claro, me quedo con la calidad artística de esta provocación a los sentidos.


Pinchar los link para ver la película:  

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...