Ir al contenido principal

De la infancia


De la infancia tengo pedazos tenues de vida; y no acierto a saber si es infancia ajena o es infancia mía. Cierto que si no mía, es como hubiese querido que fuera.
En un potrero viejo jugaban los niños, se les iba la tarde volando como pájaros en revuelta contra el hambre...jugando cualquier pena se iba sanando: jugar a la vida, jugar a la muerte y en un sueño veloz abarcarlo todo y sin fronteras. Amarse como novios, besarse tras los matorrales sin malicias y con una dulzura nueva que nacía entre las pequeñas bocas amantes. Jugar a la guerra con piedras y sin invitar a la muerte...ella no cuenta cuando se es niño; no había buenos ni malos en aquel tiempo...y cuando había que pelear, todos eramos buenos.

De charca en charca revoloteaba yo cuando era niño, flaco y mal vestido; así de puro choro, ignorando el frío.

A besos y revistas armo un noviazgo la negra Maruca; se bebía los besos del novio medio rubio, medio piñiñento...entonces en el amar no había maldad y el rubio Guillermo un día se atragantó con un beso y desde entonces, así con inocencia, no besó más.

El piño tenía sus terneros mamones, los más chiquititos, entre los que mamaba este niño meztizo, que desde entonces es muy poco lo que ha crecido. Tengo un horizonte medio grisaseo peñizcandome la naríz, tengo un recuerdo de pichadas en la pandereta y de un amigo que ternero mamón al igual que yo, desafiaba a cualquiera, orgulloso de su pirulín cortito y blancucho. Los dos andabamos como tontos por la Cristina, una cabra un poco más grande que tenía sus cosas de niña más crecida, entre esas...dos novios chiquititos que por besitos en la boca vendían la mitad de sus cortas vidas.

Pero no solo de historias de amor me acuerdo de chiquillo; harto me daba miedo el loco Mario, uno que pasaba cantando como un grillo desequilibrado: Bailaba turumba sobre las piedras y el barro un trompo que mío no era, al igual que ese loco, huacho y pordiosero que de malo no tenía más que la soledad de los marginados. Pero la pucha que le tuve miedo. Miedo le tuve al aullido de los perros, a la luna indigente, a las mil voces de la noche...y a esas manos rudas de mi madre que si no desterraba mis piojos, me enjuagaba mi cabeza chica en una batea demasiado grande. Grande era el potrero del que hablé antes, ese potrero viejo donde pichangas, caceria de gatos, el pillarse y el arranquen que viene el loco Mario era una misma cosa...Ahí supe de mi hermana, la que entonces reía, la que aún sabía eso de ser amada. Quiero pensar que fuí feliz en aquellos años en honor a la negra...me acuerdo lo solos que eramos cuando de la manito marchabamos cruzando el potrero hacia la escuela...mi hermana la Maruca, la que entonces sí era feliz. Por dejarle suavecitos los recuerdos escribí yo esta prosa. De la infancia de ella está repleta mi infancia...tomados de la mano, como dijé antes, jugando con el perro fuimos creciendo; si después, por la inmadurez de nuestros adultos nos cayó encima una tormenta, no quiero recordarlo...yo viviera eternamente de la mano de mi hermana allá en el potrero viejo. Fuimos entonces, sin problemas, niños...ser pobres en aquellos años pecado no era, y en un juego corto cabían tantos sueños dulces; de entonces me acuerdo de la escuela y los buses que teníamos por salas, del señor que vendía pan y de su triciclo, del litro de parafina que le comprábamos a doña Susana...y del piedrazo aquel que abrió mi frente a las cosas de este mundo, sangre de mi frente me costó conocer la vida. Entonces corría, volaba, reía y no sabía de amarguras...y un día, un día se acabó la alegría, pero hasta entonces fui niño, fuimos niños con la Maruca...fue decisión de los padres cortarle la alegría a mi hermana, fue cosa de los padres acallarle el habla por tanto tiempo a este niño mestizo. Fue lindo aquello de ser niños...o al menos yo creo que fue lindo, de niños, insisto, el hambre no era tan hambre, el frío no era tan frío...cuando los padres están juntos, no sufren tanto los niños, pero nadie nos preguntó. Nosotros fuimos como pajaritos hasta que vino esa tormenta...la Maruca se hizo vieja a los doce años y el que ahora escribe, no sabe dónde ni en que momento fue niño que ahora ya es viejo. Ahora quiero de nuevo aquel potrero en donde había una población callampa con un nombre que a pesar de la pobreza daba paz. Quiero otra vez una risa, amigos y un un perro con pulgas para comenzar de nuevo la vida y tener un recuerdo lindo de cuando fuimos chicos...quiero de nuevo ver contenta a la Maruca, quiero de nuevo ser el hermano chico al cual guió de la mano al comienzo de los caminos una torcaza morena que entonces si se llamaba Maritza.








Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...