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La escritura

Me gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribiendo mis ideas en hojas sueltas. La verdad es que desde antes de esto que cuento ya admiraba mucho a mi profesor de arte; sin embargo, no me gustaba el libro incluso después de haber terminado el liceo. Un año después lo terminé, pero el profesor de arte ya no trabajaba en el liceo…a veces me acuerdo que le debo un libro, siempre me acuerdo que fue el primer adulto con que hablé del arte sin hacer distinciones. 

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