Ir al contenido principal

Boleros en Tropicana

Pude comentar tantos discos al evocar el nombre de este esencial cantautor cubano, y sin embargo, me ganó el romanticismo de algunos dulces recuerdos que aún guardo al elegir Pablo Milanes Canta en Tropicana como el disco a recomendar en esta entrada.

No resulta nada fácil develar nuestra secreta sensibilidad en tiempos de desengaños y traiciones; creer en el amor que desnuda y ruboriza nuestras más duras resistencias ni confesar lo bien que hacen los boleros compartidos en la vida de una pareja.

Para quién conoce del repertorio de boleros íntimos que se cantan por ahí (y no precisamente aquellos reversionados hasta la saciedad por intérpretes de dudoso valor artístico) estas interpretaciones supondrán una experiencia muy gratificante a la vez que nueva. Letras como la de Si me comprendieras ó Verdad amarga entre otras, adquieren un valor absolutamente nuevo e inédito en la voz de Pablo Milanes.

Es este un disco ideal para una velada a solas en un lugar ajeno a inquisidores, donde cada canción es un susurro que acompaña los besos amantes o tal vez una excusa perfecta para quedarse una tarde de otoño recluido en la magnifica mansedumbre de los buenos recuerdos (sean estos con o sin papeles legales) y constatar que si el verdadero amor existe se respira precisamente en esta selección de boleros.

Para ver y escuchar:

Verdad amarga: http://www.youtube.com/watch?v=CX7-V7na0KY

Comentarios

  1. Sólo quería comentar ese hermoso video de los Beatles "Something", hay tanto significado en esa canción ALGO HAY EN SU MANERA DE MOVERSE
    ME ATRAE COMO NINGUNA OTRA AMANTE
    ALGO HAY EN SU MANERA DE CORTEJARME
    NO QUIERO DEJARLA AHORA
    AHORA CREO Y DE QUÉ MANERA

    EN ALGUNA PARTE DE SU SONRISA ELLA SABE
    QUE NO NECESITO OTRA AMANTE
    ALGO EN SU ESTILO ME DICE
    QUE NO QUIERO DEJARLA AHORA"
    Verdaderamente y unicamente bella lla canción.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...