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Tres reflexiones

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"¿Pero por qué no quieren dialogar…?" Preguntan los que ostentan el poder. "Nosotros los invitamos al dialogo; pero de ninguna forma aceptaremos sentarnos a negociar bajo presión". Entonces invitan, insinúan, exigen a los movilizados a que depongan el paro. Los movilizados están cansados del dialogo, cansados de la esperanza que les mancillan y humillan con promesas falsas, por lo tanto, no piensan en deponer la movilización; no hasta que se les escuche, hasta que los que ostentan el poder hagan un compromiso, hasta que reconozcan que durante mucho tiempo no han hecho sino ignorar a los que hoy se movilizan. Ellos quieren ver la forma de darnos un poquito del dinero que han ganado mintiendo - piensan los movilizados - pero ya no serán otra vez engañados. Ellos saben que si bajan el paro, nunca, pero nunca más serán escuchados.
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Todo era más fácil en los tiempos de mi abuelo; mi abuelo era minero y conocía a quienes lo defendían. En aquel tiempo los rojos eran los nuestros y los azueles, los enemigos. Hoy los azules se acercan cada vez más a los que tan solo ayer explotaron, robaron y despreciaron; los rojos están muy ocupados contando billetes. Le han dado vuelta la espalda a quienes creímos en ellos. Como ya dije; no son buenos tiempos. Hoy no parece haber a quien seguir. Los líderes verdaderos, esos que creyeron en lo que decían, pero que creyeron en serio. Hoy besan la húmeda boca de la tierra que no es capaz de retener enterrado sus generosos ejemplos. Los líderes de hoy tienen un precio, tarde o temprano lo descubren. Sin embargo, de ninguna forma todo está perdido, nos tenemos nosotros. Creo que ya es hora de poner atención a nuestras propias convicciones.
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No es tiempo ya para utopías – la voz que lo dice es bella, valiente y certera; habla de certezas. Yo también tengo certezas; sin embargo, mis certezas no han sabido como asesinar a mis utopías. El amor es una utopía, la libertad es una utopía, el reino de los cielos es una utopía. La realidad es aquello que vemos derrumbarse frente a nuestras narices. Nada me convence llorar sobre las ruinas de lo que ayer me parecía perfecto. Yo, con mis certezas y con mis utopías voy a seguir adelante aunque no sea lo correcto, aunque a nadie ya le importe, aunque se hagan los ciegos y los sordos para fingir que no ven ni me oyen cuando digo amor, cuando digo dignidad.

Tengo la certeza de que nunca estaré del todo solo, al final de todos los anhelos rotos y los sueños pisoteados; si realmente amaste las utopías que yo amé; sé que también estarás tú.

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