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Regalo de Navidad

Aunque parezca poco importante; importa mucho lo que les regalamos a nuestros niños y niñas, y no me refiero precisamente a lo material, más bien me estoy refiriendo a las señales que les dan nuestros regalos y sobre todo nuestros actos. Y no pretendo dar cátedras en navidad ni moralizar a quienes aman comprar, es tan solo un ejercicio de auto evaluación. Reflexionemos un momento, yo no diré que es lo que es o no es correcto, ustedes mismos decidirán.

Cantidad por sobre calidad: No importa la procedencia del regalo, mientras más mejor. La mayoría de los regalos que se entregan en cantidad provienen de países donde es tan alta la taza de pobreza que se fabrican por millones sin reparar en lo tóxico de la pintura o la mala calidad de las piezas, son económicos, cómo no si por menos de un dólar por día se manufacturan miles de estos productos en talleres donde las condiciones laborales se asemejan demasiado a la esclavitud y donde niños a veces más pequeños que los nuestros poco o nada saben del buen Santa Clos.

El factor chicas bonitas y exitosas: En el caso de las niñas seguimos enviando señales que refuerzan los estereotipos que el resto del año muchos de nosotros y nosotras despreciamos; a saber las mujeres desde niñas juegan con princesas, construyen su visión de belleza en base a figuras perfectas, rubias, ojos claros, boquitas rojas apasionadas y accesorios que no hacen sino validar estilos de vida que cuando no son ficticios, son clasistas. Tienen realmente nuestras niñas que crecer creyendo que aquello es la belleza, que aquello es realizarse como mujer; o sea desde pequeñitas acostumbrarse que sus herramientas en la vida son la apariencia física y la cantidad de accesorios (o bienes materiales) que puedan tener.

El factor chicos fuertes y rudos: Nos adentramos muchas veces a los dominios de los varoncitos por medio del deporte. Qué mejor que una pelota. Es el sueño de casi todo niño, jugar fútbol y así romper algún día con el círculo de su pobreza. Los hacemos desde muy temprano competitivos y los enajenamos de su futuro rol como complementos de las niñitas que serán sus compañeras en el futuro. No les entregamos a veces ningún margen para descubrir su sensibilidad, otros intereses ajenos a la guerra ya sea en su definición socialmente menos amable o a su equivalente en una arena deportiva. ¿Será prudente regalar todavía armas de juguete, aislar a nuestras hijas e hijos de los problemas que afectan al medio ambiente porque es maravilloso regalarles objetos que funcionan con pilas desechables, juguetes de plástico y un cuánto hay de basura que no los harán ni más sanos ni más inteligentes?.

Sin duda que estoy divagando tan solo acerca de lo que les regalamos a nuestros niños y niñas los padres y abuelos de las clases menos favorecidas por el crecimiento de nuestra economía nacional. Es decir, ¿dónde están los libros que los hagan pensar?, los regalos que no son para amontonar sino para recordar, el sentido de una fecha en que lo último en que tendríamos que pensar es en cuánto tenemos. Es agotador reparar en todo esto pero vale la pena, porque todavía estamos a tiempo de compartir con nuestras niñas y nuestros niños regalos que vivirán con ellos toda su vida. Darse a los otros es un acto de amor que no conoce fronteras de tiempo ni de edad, pensar en lo mucho que tenemos y que a menudo olvidamos que aunque sea un poquito de cariño a tantos les hace falta.

No es mi intención sermonear a nadie; lo que pasa es que cada vez nos dejamos menos tiempo para sentir aquello que llamamos “el espíritu de la navidad”, sobre todo en estos tiempos en que confundimos tener con ser felices. Es tan poco lo que necesitamos y es tanto lo que nos sobra que conversarlo con quienes amamos puede resultar también un regalo de nunca olvidar.

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