Ir al contenido principal

El Mago de Oz (1939)


Otra maravilla de la historia del cine con caracter inmortal. Nos transporta de un Kansas en sepia al maravilloso tecnicolor de un mundo en verdad mágico, tomando en cuenta la época en que se filmó esta película. La niña genio Judy Garland titulándose de icono del cine como Dorothy; un espantapájaros sin cerebro, un hombre de hojalata sin corazón y un león cobarde son a penas el comienzo de una extensa paleta de personajes entrañables.

Basada en el libro de L. Frank Baum es un cuento de hadas de aquellos que se legan de madres a hijas y además un notable musical. Dirigida por tres notables directores, pero atribuida finalmente a Víctor Fleming (quién, como algunos sabrán, también dirigió otra de las películas más famosa de todos los tiempos: Lo que el viento se llevó) es una obra sin igual; de aquellas en que se gastaron millones para otorgarnos la sensación de que los sueños al menos frente a una pantalla pueden ser posibles.

También nos encontramos con efectos sorprendentes pero por sobre todo con actuaciones convincentes. Nos mantiene entretenidos durante todo el tiempo que dura; tiene algunas frases memorables en el contexto en que se dicen (Los corazones nunca serán prácticos hasta que puedan hacerse irrompibles; por ejemplo) decorados inolvidables y todo cuánto necesita una película para que no la olvidemos fácilmente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...