Ir al contenido principal

Merceo

En realidad no recuerdo como se llama de verdad; alguna vez me lo dijo, pero no lo recuerdo. Pero dice que lo conocen como Merceo, le gusta contar que él canta rancheras, que enamora a las mujeres cuando quiere y donde quiere. Conoce y dice que lo conocen todas las gentes. Que creció en el pueblo pero ha estado en todas parte, ha realizado todos los trabajos y es dueño de unos zapatos rotos, una bicicleta roja y un sombrero que le quedo de cuando eran mejores los tiempos.

Me gusta porque nunca está triste, porque como perdió los dientes ríe con la cara, guiña pícaro un ojo cuando insinúa cosas que no se deben decir en voz alta y habla con todo aquel que pase por su paradero le miren o no le miren. Manda para la casa a los que andan muy tarde en la calle, cree que no hay como el hogar, pero se lo pasa en la calle. La muerte lo ha andado buscando pero no sabe dar con su dirección, y es que él se mueve para que la condenada no lo pille...todavía hay que tomar y comer alguna cosilla con los miles de amigos que recuerda o que tal vez imagina.

No conozco a nadie tan feliz; por eso siempre que puedo, me siento a su lado, conversamos de sus hijas, sus nietos y de las personas que se olvidaron que él está siempre sentado allí. Nunca ha dicho algo malo de alguien porque al parecer no sabe hacerlo. Hace rato que pudo irse, pero él eligió quedarse en ese paradero diciendo cosas para que creyeran que estaba loco cuando era por lejos el más claro en aquello de que se es feliz haciendo felices a los demás.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...