Estos son días de
buenos deseos; hasta aquellos que nos subyugan el resto del año con sus bajezas
se detienen por un momento, y nos desean lo mejor. Se habla de sueños cuando
tantos no tienen más que su manchada realidad. Las vitrinas abundan en cosas
que no se necesitan y la gente corre a comprar lo que sea al precio que sea.
Mientras tantos yo me acuerdo de aquella niña que quería sillas para dejar de
sentarse en el suelo para navidad, del niño que adornaba su árbol con guindas y
con sus hermanas se las comían entendiendo que cena y regalo pueden ser a ratos
una misma cosa. Recuerdo aquellas navidades llevando bolsas con mercadería a
familias que nos esperaban para servirnos un juguito en sobre. Entonces
comprendo que la felicidad en estas fechas no está en la abundancia…está en
tener poco y agradecer todo cuánto se pueda compartir. No es rico quien más tiene; lo es quien menos necesita.
U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien. Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Comentarios
Publicar un comentario