Estos son días de
buenos deseos; hasta aquellos que nos subyugan el resto del año con sus bajezas
se detienen por un momento, y nos desean lo mejor. Se habla de sueños cuando
tantos no tienen más que su manchada realidad. Las vitrinas abundan en cosas
que no se necesitan y la gente corre a comprar lo que sea al precio que sea.
Mientras tantos yo me acuerdo de aquella niña que quería sillas para dejar de
sentarse en el suelo para navidad, del niño que adornaba su árbol con guindas y
con sus hermanas se las comían entendiendo que cena y regalo pueden ser a ratos
una misma cosa. Recuerdo aquellas navidades llevando bolsas con mercadería a
familias que nos esperaban para servirnos un juguito en sobre. Entonces
comprendo que la felicidad en estas fechas no está en la abundancia…está en
tener poco y agradecer todo cuánto se pueda compartir. No es rico quien más tiene; lo es quien menos necesita.
T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

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