Ir al contenido principal

Fellini 8 1/2 (1963)

Federico Fellini es considerado uno de los grandes directores de cine de todos los tiempos. Este reconocimiento no es gratuito; efectivamente la mayoría de sus películas entregan momentos más que especiales al espectador, y ésta, su octava película y media (dicen que la contabilizó así porque había dirigido segmentos en dos películas colectivas junto a otros directores y siete películas solo) es especial por varias razones. La primera es porque es evidente que es en muchos aspectos autobiográfica, trata sobre la sequía creativa de un director muy famoso (Marcello Mastroianni) que es acosado permanentemente por sus colaboradores y los periodistas acerca de su próximo proyecto. Guido, que es como se llama el personaje del director, se refugia en los recuerdos de una época en que no existían estas presiones (la infancia, principalmente) y aunque en un comienzo nos parece que la cosa se pone más bien dramática, es el oficio de Fellini el que nos conduce sutilmente, por medio de situaciones tan raras que llegan a ser humorísticas hacía un desenlace bastante feliz.
La inocencia, la imaginación desjuiciada de la infancia, el amor por las mujeres y los vínculos con los recuerdos son las sendas por las que nos movemos en lo que dura la película. Es una obra muy importante en la historia del cine como expresión artística. Inspiro un musical muy exitoso que curiosamente también fue llevado al cine (Nine; Rob Marshal; 2009, pero esto es más bien un tema de otro tipo de análisis) Además, se puede entender esta película como un puente, una especie de transición en el cine de este director italiano ya bastante famoso por sus películas anteriores.

Es un ejercicio de sensibilidad, artística o humana, pero sensibilidad al fin, un cine de situaciones humanas, donde el dialogo, la pasión de los personajes son el hilo conductor; no es el tipo de película que le pueda gustar a cualquier persona pero es imperdible para aquellos que buscan en el cine algo más que pasar el tiempo. 







Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...