Ir al contenido principal

Fragmentario

La historia del cuadernillo que escribí es extensa y está llena de anécdotas. Intentaré contar las más significativas para no aburrir a los lectores que vienen aquí solo de paso. La idea era escribir un libro a dos voces; es decir, ser coautor de una serie de ideas que se nos iban ocurriendo en el liceo a un entrañable amigo de aquel tiempo, Juan Correa, y a quien escribe ahora estos recuerdos. Teníamos en conjunto varios textos que si nos apegamos a la definición que de ella dan los entendidos, pertenecían a eso que vanidosamente algunos autores llaman la anti poesía. Contábamos, después de un año de escribir y ordenar papeles un interesante montón de incoherencias; a nosotros nos gustaban, no por nada las habíamos escrito pero había que decidir qué textos serían los que dejaríamos para la versión final de la que sería nuestra obra en conjunto. Juan, que por aquel entonces sufría penas de amor y misticismos religiosos que yo nunca llegué a comprender, me dijo que no importaban ya para nada los escritos. Le pedí su autorización para conservar y reescribir en el libro algunos de sus escritos, me autorizó y entonces creí que tenía entre mis manos la más fresca poesía a la que hubiese podido aspirar en aquel tiempo.

Caminé un día completo intentado encontrar la dirección de un diario que por entonces tenía un concurso literario para jóvenes talentos. Fue un día que jamás olvidaré, atravesé tres comunas para llegar al anochecer y con los pies hechos polvo a un portón del barrio alto en donde se depositaban las tres copias originales en un buzón. Regresé por primera y última vez a mi casa convencido de que había escrito algo digno de ser reconocido. Guardé y regalé algunas copias del libro a algunas personas que creían tanto como yo en su éxito. Cuando se entregaron los resultados del concurso por supuesto que no gané (la que yo creía era mi mejor obra ni siquiera alcanzaba para una mención honrosa). Volvía revisar los escritos y pensé que a lo mejor me había embriagado el entusiasmo.

Desarmé y armé varias veces los textos, intenté que las extravagantes reflexiones tuvieran sentido para alguien que no fuera yo; finalmente decidí que debía sacar muchos de los textos que originalmente había pensado incluir. Reescribí una última vez todas aquellas ideas sueltas que no podrían haber estado en ningún libro que aspirara a ser algo serio literariamente hablando. No deja de ser curioso, el libro se llama Fragmentario porque son pedazos de ideas y sentimientos que no tienen ni una continuidad ni un deseo de ser parte de un todo. De allí surgieron algunos poemas cortos que hoy, al ser leídos reciben amplios y afectuosos aplausos, por eso lo conservé; me parecía que era el preludio de algo mejor por venir y si alguna vez pensé en que mis escritos no eran para escaparates; esta única tentativa de darlos a conocer me bastó para entender que nunca escribí ni escribiría para ser reconocido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...