Ir al contenido principal

Historias que me contaron y otras que yo inventé

Después de haber escrito mucho en versos y ante el evidente respeto que me provocaban y me provocan algunos muy admirados escritores famosos por su prosa; me decidí a compilar mi primeros relatos (no me atrevo al día de hoy a llamarles cuentos) presentándolos como Historias que me contaron y otras que yo inventé porqué una vez más no sentía que hubiese creado nada, pero si me daba perfectamente cuenta que tenía que compartir algunas historias que cuando las contaba causaban no poco interés. Muchas veces estas historias no son tan buenas escritas como contadas, sin embargo me sentía y me siento orgulloso de haber podido reunirlas en un libro.

Son historias humanas; vivencias que pienso no está mal que sean compartidas. Experiencias comunes para mucha gente. No hay nada que pretenda aparecer como sorprendente, sin embargo son historias que ofrecen la posibilidad de reencontrarse una vez más con aquello que pensamos que forma parte de nuestro pasado y no pocas veces está más presente que nunca. La soledad, los secretos de familia, las travesuras y aventuras de cuando fuimos niños sumadas a la nostalgia de aquello que amamos o soñamos cuando fuimos bastante más jóvenes y menos cínicos.

Son ocho historias con las que me sentiré siempre muy bien acompañado; pasos hacía relatos bastante más ambiciosos. Nuevamente un inicio hacía aquello que nunca tendrá un final; aquel intento de ser capaz de redactar todo aquello que sentimos no pocas veces muchos de nosotros. La prosa nunca está terminada decía el gran Manuel Rojas (uno de mis narradores predilectos e innegable influencia en estos, mis primeros textos con la intención de ser narrador) estos fueron mis primeros intentos de al menos comenzar mis propias prosas; constato una otra vez que jamás estarán del todo terminadas y agrego que el arte de contar historias debe ser lo menos pretencioso posible; y no lo escribo pretendiendo justificar mis defectuosos escritos; lo escribo porque realmente lo creo.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...