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Bienvenidas las mujeres

Como nunca estamos al pendiente de nuestras mujeres; ocupados de sus derechos y atentos a sus sentimientos. hemos vuelto la vista hacia el rincón donde espera todavía postergada una parte importante de la condición humana y podemos ver algo de lo que ha estado allí siempre, decimos entender indignados ante aquello que hasta no mucho no hubiésemos notado. Por estos días la mayoría dice apoyar las causas de las mujeres, la mayoría se estremece ante la violencia y la falta de valoración que hasta hace poco nos parecía tan histórica como natural.

Son mujeres aquellas madres que inculcaron ideas erradas en el entendimiento de tantos hombres ignorantes que caminan creyendo aquello de que la mujer necesita ser protegida, menospreciada y mantenida. Mujeres las que banalizan sus propios sentimientos y los de sus pares; aquellas que habiendo estudiado mucho acuden al recurso fácil de disimularse para formar parte de lo que la mayoría considera tolerable.

No es acaso cuestionada todavía aquella que reniega de la maternidad, señalada la que no posterga sus sueños por servir a los vicios de otros. La mujer, ese invento social tiene estrictamente prohibido ser hembra; es más conveniente jugar a las princesitas, jugar a la abogada a la licenciada que mira con desprecio a aquella que no necesita de la validación de otros que tan ciegos como sordos hablan de los derechos de la mujer ensuciando con sus actos el torpe eco de sus palabras. 

Gritar, desnudarse, denunciar son hoy actos tanto o más reconocidos que cumplir, trabajar o respetar. Equivocan el camino aquellas que creen que pareciéndose a los hombres serán tratadas con respeto; la agresividad, el menosprecio por aquellos que piensan diferente y la falta de asertividad son males propios de la condición humana y poco hace la diferencia si los padecen humanos con cromosomas x, y o x,x. Al parecer muchos y muchas siguen pensando que es más fuerte el que más grita o la que golpea más fuerte la mesa.

Es muy cierto que se debe llamar la atención de la masa que desde siglo camina mirándose el ombligo cuando se pretende cambiar algo; pero la nuestra es una historia vieja, una historia que gira en círculos donde a ratos se permiten algunos saltitos porque nosotros mismos nos encargamos de cambiar con el tiempo, nos adecuamos, olvidamos aquello que solo ayer dijimos. No es secreto para nadie que pertenecer es más seguro que ser.

Bienvenidas de todos modos las mujeres que no quieren seguir con la historia del sexo débil, las que no esperan a un esposo con dinero que las mantenga, las que no necesitan que las validen, aquellas que saben que estudian, trabajan y sueñan para ser mejores personas...porque eso somos al final del día; ni hombres ni mujeres...personas.


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