Hay veces en que un simple paño puede contar mucho sobre un cariño que fue pero que jamás se fue. De aquella breve historia no quedaron cartas, mucho menos fotos (bueno, sí, hay una pero como ellos termino por pasar inadvertida) que evidenciaran lo mucho que se quisieron ni los lugares que frecuentaron. Únicamente estaba el paño; un trozo de un grueso género de color verde con un sobrio diseño bordado en el centro. Él lo usa como individual en la media hora de almuerzo que le conceden en el trabajo donde se conocieron; lo empezó a usar a penas ella se lo regaló y aunque sobre aquel paño tuvieron muy pocos almuerzos juntos, no lo ha dejado de usar jamás...en realidad si lo ha dejado de usar algunas veces; lo ha conservado manchado y doblado en su bolso de la colación durante incluso semanas, aparentemente olvidado como el recuerdo de ella esperando encontrarse con algún momento en que nostálgico de los momentos que vivieron juntos pueda entregarle al paño los cuidados que solía reservar para ella. Él lava el paño con abundante agua tibia y jabón liquido con aroma de manzanillas; limpia con delicadeza aunque decidido las manchas que soledad tras soledad sobre el paño han ido quedando. Cada vez que lo enjuaga y lo tiende al sol se acuerda de la sonrisa de ella. De la sonrisa que en ella era tan pasajera como las traiciones y las preocupaciones que le hacían sombra. Sonríe a su vez él al recordar que ella a pesar de también ir siempre sola es muy dulce y fuerte...piensa que ya no se conocen personas así y perdido en una distancia que parece ser mayor de lo que realmente es, le dedica un último buen deseo a aquella mujer con la que compartió el olvidado encanto de los detalles, y continúa con la limpieza de un lugar que no le pertenece. A ella le debe pasar algo parecido.
T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

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